martes, 4 de enero de 2011

Cumbre de Cancún: ¿avance o retroceso?

El viernes pasado finalizó la Cumbre del Cambio Climático de Cancún¹, evento que, tras el fallido “acuerdo” de Copenhague hace casi un año, significó una esperanza para comprometer a los “pesos pesados” de la economía mundial en acuerdos concretos para enfrentar las actuales y futuras consecuencias del cambio climático. Lo alcanzado, sin embargo, no está al nivel de las expectativas. Más aún, tomando en cuenta que el Protocolo de Kyoto, el más importante acuerdo internacional firmado en 1998 para reducir las emisiones de gases contaminantes, tiene vida solo hasta el 2012 y, en esta reunión de Cancún, se pospuso una discusión para darle continuidad.
El principal acuerdo alcanzado es la creación de un “Fondo Verde” de $30 mil millones de dólares proveniente de los países industrializados para enfrentar el cambio climático que afecta a los países en desarrollo hasta el 2012 y la intención de recaudar $100 mil millones de dólares en fondos hacia el 2020. Este Fondo sería administrado de manera interina por el Banco Mundial y tendría un consejo de 24 países, la mitad de ellos desarrollados y la otra en vías de desarrollo. Asimismo, se estableció un Nuevo Marco de Adaptación de Cancún, con el objetivo de mejorar el planeamiento e implementación de los proyectos de adaptación de los países en desarrollo. Como se observa, estas son medidas para enfrentar las consecuencias del cambio climático, para adaptarse a lo irremediable, pero no atacan las causas del problema.

Al respecto, si bien los países industrializados acordaron fomentar acciones para frenar las emisiones contaminantes y reconocieron la necesidad de crear planes y estrategias de desarrollo bajos en carbono, todo quedó en los buenos deseos, pues la adopción de compromisos será meramente voluntaria. Por otro lado, respecto a la continuidad del Protocolo de Kyoto, los países reunidos aceptaron continuar con las negociaciones de cara a la cumbre del próximo año en Sudáfrica, dónde esta vez “sí” se alcanzaría un acuerdo vinculante.

El aspecto más preocupante que dejó al descubierto, nuevamente, este tipo de reuniones mundiales es el desinterés de la gran mayoría de países por llegar a acuerdos dónde se comprometan a los principales contaminadores mundiales a disminuir sus niveles de emisión de carbono. En este caso, estos “tibios acuerdos” a los que se llegó en Cancún fueron apoyados por casi la totalidad de los más de 190 países que acudieron a la Cumbre. Bolivia fue el único país que votó en contra, señalando que este documento no promueve reducciones sustantivas de emisiones de gases contaminantes por parte de los países desarrollados.

¿Qué lección nos deja Cancún? Que debemos seguir esperando un año más para llegar a acuerdos vinculantes sobre cómo enfrentar las causas del cambio climático. La pregunta es, ¿realmente se puede esperar? ¿El Perú, el tercer país más vulnerable frente al cambio climático, puede esperar? Es necesario que, frente a nuestra realidad, nuestros representantes muestren una posición más firme ante las siguientes cumbres mundiales que se avecinan, ya que de ello dependerá nuestra existencia.


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