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domingo, 21 de noviembre de 2010

Luis Guillermo Lumbreras: “El nacionalismo deriva fácilmente en fascismo”

Lumbreras, Guillermo
 Patricia Wiesse / Gerardo Saravia

"Yo no conozco gente de izquierda de los 60 que no haya pensado que el camino era el cubano, el chino, o el leninista."El ex Director del Instituto Nacional de Cultura (INC) es uno de los más importantes arqueólogos latinoamericanos. Su libro Los orígenes de la civilización en el Perú ha sido recomendado entre los 60 que todo peruano culto debiera leer. Ha sido fundador de la primera Facultad de Ciencias Sociales en el Perú: la de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, donde conoció y llegó a ser amigo de Abimael Guzmán. Fue director del INC durante el Gobierno de Toledo. Marxista convicto y confeso, reconoce culpas generacionales y se adapta a los nuevos tiempos.



¿Cuánto ha cambiado tu visión de la sociedad desde que escribiste Los orígenes de la civilización en el Perú?

Lo escribí hace 40 años, en 1970. En ese lapso se produjo la guerra interna y los cambios de los años 90 en el mundo. Nuestra imagen del socialismo ideal se derrumbó. No fue tanto la caída del Muro de Berlín, sino la caída de todo un conjunto de alternativas que nosotros nos proponíamos, los ideales leninistas, los de la revolución que el propio Marx planteó; todo eso se desdibujó por el traslado de la teoría de la dictadura del proletariado a la de la dictadura concreta con el estalinismo conduciendo el proyecto socialista.



Hay quienes dicen que la visión que transmites en ese libro es un poco esquemática. ¿Hay algo que le cambiarías?

Una de las cosas que más me gustó de ese libro fue su condición panfletaria. A mí no me gusta leer cosas complicadas, aunque tengo que hacerlo y sufro mucho. Prefiero lo simple. Alguna poesía de Vallejo, por ejemplo, me resulta difícil. Ese libro fue una gran experiencia: lo escribí en quince días. No tenía con qué regalarle algo a mi hijo de diez años; mi sueldo de profesor universitario con las justas me alcanzaba. Lo terminé antes de la Navidad y se lo regalé. Tuvo mucho éxito incluso conmigo, porque ése es el único de mis libros que he vuelto a releer.



¿Fue el primero de los más de 25 libros?

No, ya Paco Moncloa había publicado mi tesis doctoral, que transformé en texto universitario. Se llama De los pueblos y las culturas en el Antiguo Perú, que también tuvo mucho éxito. Se tradujo al inglés, al japonés. Se convirtió en texto universitario en los Estados Unidos: doce ediciones. Después he escrito libros densos, pesados, informes de trabajos de investigación que yo digo que solo leerán mis amigos.



Volviendo a las “desilusiones socialistas” que se suceden paulatinamente a lo largo de varias décadas: uno de los referentes era la Revolución Cubana. ¿Todavía te emociona el proceso cubano?

Lo ejemplar de la experiencia cubana es la postura de resistencia de un pueblo para conducir un proyecto de vida por encima de todas las dificultades inimaginables. Pero se logró con un proyecto dictatorial, una línea estalinista. Fidel Castro impuso una férrea postura dictatorial para poder conducirlo.



Paralelamente, viviste la etapa de Velasco Alvarado.

Sí. Nosotros en la década de 1960 levantábamos la bandera de la reforma agraria, de la reforma industrial, de la lucha por el petróleo; todo eso era parte de nuestro discurso revolucionario. Y, desde luego, planteábamos la lucha armada. Yo no conozco a gente de izquierda de esa década que no haya pensado que el camino era el cubano, el chino, o el leninista. Y de pronto nos encontramos con una situación inverosímil: ¡Un soldado —por principio, teníamos la imagen del soldado de derecha— que planteaba nuestras mismas reivindicaciones desde el cuartel y desde una mesa de Palacio de Gobierno, una cosa inaudita!



¿Pero estuviste a favor de esas reformas, o mantuviste una posición contraria al régimen?

Yo veía que había muchas reformas, pero no eran profundas. Lo que más valoro de ese proceso es que encontré la posibilidad de hablar con cierta libertad. Antes de Velasco, los libros de Marx había que tenerlos enterrados. En el aeropuerto me detuvieron por llevar el libro La revolución neolítica porque tenía la palabra revolución y unas líneas rojas. Eso se terminó con Velasco. También pude publicar con cierta libertad y decir lo que pensaba. Escribí un libro sobre arqueología social. Por primera vez entré a trabajar para el Estado como director del Museo Nacional. En cambio, antes estuve preso por decir “cosas malas” contra el Estado.



¿Cuándo sucedió eso?

En el 65; me vincularon a las guerrillas del MIR. Y luego por dar un discurso furibundo sobre las contradicciones de clase en el Perú.



"Creo que el terrorismo no es un arma revolucionaria."

¿Te sigues considerando marxista-leninista?

He tratado de ser marxista-leninista, de estudiar bien asumiéndolo como una postura crítica y analítica. Creo que lo he logrado a medias, porque tengo un peso muy fuerte de una ideología positivista de la ciencia. Una de las cosas que yo le agradezco a mi postura marxista es la posición de la autocrítica como método permanente de avance.



¿La corriente de la arqueología social de la que has sido fundador tiene que ver con este análisis marxista?

A mí la arqueología me atrajo porque podía entender por qué estamos como estamos ahora. Todos los peruanos tenemos algo de Chavín, algo de Huari, de los Incas. Hemos heredado un conjunto de mecanismos de apropiación de ese territorio que nos hace ser lo que somos. Y nuestras debilidades están asociadas a nuestra historia. Yo estoy convencido de que el traslado de la experiencia europea al mundo nuestro lo destruyó, porque nos inclina a creer que podemos ser París, Nueva York. No hay cómo, porque nuestras formas de desarrollo son distintas; los estadounidenses o franceses nunca hubieran podido llegar a un Machu Picchu. En el estadio de desarrollo de Chavín, que es un neolítico avanzado, en Francia lo que había eran unas fortificaciones de aldeas humildes. Y eso es importante.



¿Cuándo dejas de creer en la lucha armada como método para llegar al poder?

En plena lucha armada. Cuando descubrí que a Sendero Luminoso lo inventaron. Yo pienso que este horrible fantasma, este concepto, fue construido. Fue la única garantía que tuvo el poder militar para gobernar. Y el poder militar ha gobernado desde Belaunde hasta que entró Paniagua. El mecanismo fue simple: había zonas de emergencia donde gobernaban los gobiernos cívico-militares. Los cívicos dependían de los militares. Ese proceso estaba garantizado mientras existía terrorismo probable. Digo que se construyó porque yo veía a los senderistas caminando por las calles: los pudieron capturar fácilmente, no era algo tan clandestino. Eso me llamaba mucho la atención.



Tú conociste en la universidad a Abimael Guzmán. Cuando María del Pilar Tello te entrevistó para su libro Sobre el volcán, dices que lo apreciabas. ¿Te hubiera gustado visitarlo en la cárcel?

Más bien Abimael negó que fuera mi amigo; dijo que él no tenía amigos sino camaradas. Sí me hubiera gustado visitarlo para conversar con él sobre lo que estaba pasando. Yo en eso siempre fui leninista: creo que el terrorismo no es un arma revolucionaria. Se usa el terror para diezmar a la gente. Hubiera querido conversar con él sobre el rumbo que tomaban las cosas. Yo atribuía las acciones a la estructura de Sendero, que era de jefaturas autónomas. Entonces el jefe de un comando desarrollaba acciones sin necesidad de consultar a partir de una línea genérica. Eso permite fáciles errores. Yo lo atribuía a eso.



Por ejemplo Lucanamarca: ¿Pensaste que la orden la había dado la dirección regional y que Abimael no sabía?

Yo pienso que ahí hubo intervención de los mandos y que la acción concreta la condujeron los que estaban en el campo. Es muy difícil; en esa época ni había celulares. Ahí debe haber habido desbordes hasta personales. ¿Qué cruza por la mente de gente que está abandonada y frente a la guerra?



Hablar bien de Guzmán en ese momento fue un escándalo. Te acusaron de prosenderista. ¿Por el lado de Sendero también hubo presión? ¿Hubo cierta discriminación por el lado de algunos intelectuales?

Hubo de todo. Pero yo tenía una idea más romántica de la revolución, me identificaba con los focos guerrilleros, una guerrilla a lo Che Guevara. Por el lado de los intelectuales, yo siempre asumí una posición académica muy seria, y no se metían conmigo. La marginación se daba porque no podía asumir cargos en la universidad. Yo era muy amigo de Tito Flores, de Manuel Burga, de Nelson Manrique, y ellos nunca me discriminaron.



Hubo intelectuales como Alfredo Torero, como Pablo Macera, que estuvieron cerca de SL. ¿Qué pasó con Macera? Él llegó a declarar que solo había dos opciones: estar con los militares o con SL.

Pablo era una persona muy contestataria. Yo siempre tenía confrontaciones amistosas con él. Pero de pronto optó por algo que nadie de nosotros imaginó: meterse en un gobierno que ya estaba deteriorado. Yo lo vi hasta bailando. Es una lástima. Creo que fue la inseguridad económica, para resolver lo económico.



¿Estás de acuerdo con la visión de la Comisión de la Verdad?

La parte que yo leí del Informe me conmovió mucho, las declaraciones de la gente. Creo que en la CVR hubo de todo, y no todas las personas estaban metidas en las vísceras de la gente del campo. El hecho de que la abogada Alva Hart se pusiera a llorar no me llama la atención para nada: para ella era algo parecido a lo que veía en TV. Otros eran anti, como Morote, una persona bastante alejada de los campesinos. El papel de Lerner fue bien importante, el de Carlos Iván Degregori fue destacado; ambos sirvieron para equilibrar y dar una versión sensata. Ese documento lo veo en perspectiva, nos va a permitir entender lo que pasó, casi como lo que nos dejó Arguedas en sus novelas o Scorza en Redoble por Rancas. Debe ser leído, evaluado y consumido de acá a diez años. Nos va a servir muchísimo para entender lo que ocurre en el país.



¿No crees que hubo condescendencia con los militares?

Creo que hubo mucha. Fue la parte de moderación que permitió que no se enterrase. Si hubiera sido más directo, no salía. El hecho de que fuera un cristiano como Salomón Lerner, que lo presentó de manera tan elegante, en un discurso que a mí me gustó mucho. Si no hubiera sido así, habrían enterrado el libro. Ahora están distorsionando el tema del Lugar de la Memoria. Ellos están en el poder y van a hacer todo para defenderse.



¿Cuál es tu visión del Gobierno de Toledo?

Dentro de las perspectivas de los gobiernos latinoamericanos, fue exitoso. Fujimori dejó una debacle, vendió todas las empresas públicas. Era un Estado vacío y corrupto. Fue positiva la presencia de Toledo, el punto de partida para el desarrollo económico que está dentro del sistema, liberal. En eso se avanzó muchísimo.



¿Te sentiste cómodo participando en un Gobierno de centro-derecha?

Una de las cosas importantes que hubo en mi relación con el presidente Toledo y Elianne Karp fue que ellos me dejaron hacer lo que yo consideraba y mis opciones no tenía que consultarlas con ellos; pude hacer lo que creía que tenía que hacer en la institución. Yo no estuve en el Gobierno, porque no opté por una postura política. Es más: yo me hubiera negado a hacerlo. En ningún momento Toledo y su gente me dijeron para militar en su partido. Ellos conocían mi posición marxista, mi opción socialista, y en ningún momento me cuestionaron.



¿Pero si hubiera habido un Ministerio de Cultura, hubieras sido el ministro?

Es posible.



¿Cómo se inició la relación con ellos?

Fue totalmente casual. Yo hice una presentación de la cultura Huari en el Museo de Antropología y ésta le interesó a la doctora Karp, que fue. Le agradecí, conversamos largamente, nos hicimos amigos, coincidimos en muchas cosas. Tenía una postura que me parecía muy próxima a la socialista. Me invitaron a una reunión con Toledo en la que se discutía cómo sería la presentación de asunción del mando en Machu Picchu. Mi opinión fue radical: le dije que lo iban a presentar de una manera folclórica. Toledo estuvo de acuerdo y dijo que de inmediato se acababa todo ese circo. Y así fue. Después se gestó lo del reclamo a Yale.



Debiste seguir aconsejándolo.

(Ríe.)



Nuevos vientos

¿Qué opinas de la que ahora se llama la izquierda moderna?



Izquierda es un nombre muy generoso, amplio. Yo en este momento no encuentro izquierdas.



¿Votaste por Susana?



Sí. No porque [ella] sea de izquierda; en todo caso, es una izquierda bastante moderada. Creo que la gente que la acompaña viene de diferentes lados. Mi expectativa es que en este gobierno local no haya una opción autoritaria como la que existe y que García se ha encargado de generar.



¿En una segunda vuelta Toledo-Keiko, por quién votarías?



Toledo, por supuesto. Frente a Keiko por cualquiera.



¿Entre los cuatro o cinco principales candidatos en la primera vuelta?



Yo les temo mucho a los segundos gobiernos, pero a Toledo es al que le veo posibilidades de avanzar, porque conoce un poco más lo que ocurre en el Perú. De repente entre Toledo y no sé si Castañeda.



¿Y Ollanta?



Hay muchos amigos que lo apoyan y me han pedido que participe. El problema es que no soy nacionalista. Ideológicamente, el nacionalismo deriva fácilmente en fascismo, evade todo compromiso con las clases sociales.









Ex Director

¿Tu paso por el INC te dejó un sabor amargo, o se pudo hacer algo?



Todo ha retrocedido ahora. La doctora Bákula se encargó de hacer exactamente todo lo contrario de lo que se había avanzado. Se avanzó en trasladar el poder de decisión a las regiones. Que los representantes de la cultura fueran locales, designados por sus propias bases. Antes los que gobernaban el INC eran los amigos del Director; ahora se ha vuelto a eso.



¿Qué te hubiera gustado hacer?



El Estado nunca incrementó el monto procedente del Tesoro Público. No pude incorporar a los funcionarios en las planillas: todos estaban por contrato y eso era un abuso. Ahora creo que han mejorado algo las condiciones.



¿Cuál fue tu mayor aporte?



La descentralización. Y el desarrollo de una estructura de comunicación con la gente en relación con la preservación del patrimonio.



¿Te sorprendió la designación de Ossio como ministro de Cultura?



No, pero pensaba que iba a ser alguien más ligado al APRA; Neyra, por ejemplo. A Ossio lo veo más ligado a Vargas Llosa. Creo que fue recomendación suya.









Piezas en conflicto

¿Qué opinas de la reacción presidencial sobre lo de Yale?



Es una medida política tardía. Esto debió haberse hecho cuando entró el gobierno. Espero que no sea tan demagógico como parece. Una acusación penal tiene que ir acompañada de pruebas. Lo otro es un deslinde de propiedad, pero es un proceso civil. Igual es difícil.



Además está lo de Garrido Lecca ¿no?



Es parte de la prepotencia con la que se actúa; firmó sin consultar. No es un documento vinculante jurídicamente, pero es un compromiso del Estado de ir a un acuerdo. Ha aceptado los términos de referencia. El resultado del acuerdo fue fatal. La defensa va a decir en nuestra contra que el Estado ha aceptado los términos de referencia.



sábado, 23 de octubre de 2010

‘‘Los pobres han tomado más conciencia de que eran marginados’’

Entrevista/Gustavo Gutiérrez. Sacerdote dominico,impulsor de la Teología de la Liberación. A su paso por nuestro país, para recibir un reconocimiento a su labor, sostuvo que si bien la pobreza ha disminuido es poco para la magnitud que tiene en el Perú.
María Elena Castillo.

¿Este gobierno se ha preocupado por la pobreza del país?

No voy a entrar en las cifras, que seguramente se pueden discutir, pero hay una baja en la pobreza y me alegro de eso, naturalmente, pero es una baja muy ligera respecto a la inmensa pobreza, que no es cuestión de este gobierno, sino del país, que arrastramos desde hace tiempo.

Que afecta a gran parte…

Hay desigualdad económica y social muy grande. Pero para mí la pobreza no es solo una cuestión económica. Yo creo que el pobre es el “no valorado”. ¿Cómo se puede medir? Usted puede medir salarios, calorías, que no es poca cosa, pero la persona en su dignidad, en sus derechos, el país sigue siendo profundamente desigual.

Dicen que crecimos 9%. ¿Amerita el triunfalismo del gobierno en la lucha contra la pobreza?

Eso lo dejo para los técnicos, que siempre se pelean entre sí.

La gente no siente mejoras…

No llega a muchos. Eso es claro.

Especialmente en la sierra…

La pobreza rural es muy grande. Dicen que eso toma tiempo y es cierto, pues es una pobreza que arrastramos, y no hay que verlo como una política actual, sino como un problema del país, desde hace mucho tiempo, enmarcado por un tema serio de marginación, de buena parte de la población. Por ejemplo, el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), dice que dos tercios de las personas asesinadas eran quechuahablantes. Hay una marginación histórica, y está incluso convertida en categoría mental, pero no solo para el gobierno, sino para el peruano.

¿No ha cambiado mucho desde que usted escribió sobre la Teología de la Liberación?

Lo que ha cambiado es que los pobres han tomado cada vez más conciencia de que eran marginados, que había causas humanas, estructuras, categorías mentales y han comenzado a plantear sus derechos para una dignidad personal, pero ya me gustaría que eso cubriera a todos los pobres en el Perú, y no es así. No digo que no hay nada, creo que sí ha habido avances.

En las últimas elecciones se ha satanizado a la izquierda, y hasta la han ligado al terrorismo…

Es intolerancia frente a posiciones políticas que no son mías, el que no tiene mi posición política está mal. Cierto pluralismo es sano e importante, y no estoy hablando de tolerancia frente a lo criminal que tuvimos con Sendero, por supuesto, sobre eso escribí largos artículos. Tenemos que entrar en el mundo democrático, de respeto por las personas. Y el respeto no es que no manifieste mis desacuerdos, pero lo que me preocupa fundamentalmente es una conciencia nacional frente al país en que vivimos.

¿A qué se refiere?

En un país debe haber una aspiración mayor de todos a respetar sus derechos y saber que el derecho a la comida, al salario, al respeto es importante. Si un pueblo no se lanza a una cosa así no habrá gobierno que lo haga.

¿Cómo cree que llegará el Perú al bicentenario?

No tengo bola de cristal, pero creo que se han retomado formas democráticas. Solamente en un clima democrático se podrá vencer o por lo menos reducir los enormes problemas del país. Un país desigual es complicado, ¿no?

Esa fue una de las conclusiones de la CVR y su ex presidente, Salomón Lerner, advirtió que eso no ha cambiado mucho...

Así es. La Comisión de la Verdad fue un jalón muy importante en la vida del país. Pondría el informe dentro de las cosas positivas de los últimos años.

¿Y lo más negativo?

El rompimiento de la democracia en los años 90, y que debemos cuidar que no vuelva a ocurrir.

“Susana es una persona que actúa con honestidad”

En época electoral todos los políticos ofrecen disminuir la pobreza, ¿se olvidan luego de ese compromiso?

No sé si se olvidan, pero al menos les es muy difícil, pero como le digo yo tengo una preocupación básica, que es la población peruana frente a la pobreza, que muchas veces no preocuparse del vecino que está mal, y hasta lo pisotea. Hay un individualismo grande, pero todo hay que matizarlo, pues no todos son así.

Usted ha destacado la labor de aquellos que han vivido y trabajado muchos años con los pobres, pero en las últimas elecciones generó mucha polémica, por ejemplo, que Susana Villarán haya vivido en Caja de Agua…

Pudo generar mucha polémica pero eso no quita que hay gente que se ha entregado muy generosamente a todo lo que es derechos humanos. Yo veo que hay muchos de ese tipo de personas.

Algunos dijeron que ella vivió allí por pose…

En eso no quiero entrar. Yo creo que hay una falta de respeto a las personas.

Ella dijo que lo recuerda mucho y que usted le enseñó a vivir cerca de los pobres. ¿Qué recuerda de ella?

No tanto que le haya enseñado, pero yo la he visto tomar esas posiciones y me parece que Susana es una persona que lo hace y actúa con honestidad, y bueno, el elector ya vio a quién elegir

domingo, 29 de agosto de 2010

VALENTIN PANIAGUA UNA ENTREVISTA DE COLECCION

Medio siglo de política peruana bajo la óptica de Valentín Paniagua

Politai es una nueva revista producida por los estudiantes de ciencia política de la Pontificia Universidad Católica. En su primer número de reciente aparición se publica una larga e inusual entrevista a Valentín Paniagua realizada en el 2003. Desde su infancia en Bolivia y Cusco hasta la turbulenta transición luego del fujimorismo, el ex Presidente habla con franqueza incuestionable. Aquí reproducimos algunos extractos de la entrevista gracias a la gentileza de Politai.

Por Eduardo Dargent y Alberto Vergara

El primer gobierno de FBT

¿Cuál es el significado del triunfo de Fernando Belaúnde en 1963?

–En 1963 gana la renovación. La gran sensación del país es que se inicia una nueva época en el Perú. Y en efecto, se inició. Si uno mira la realidad del Perú, antes y después del 63 –y creo que nadie ha hecho una evaluación equilibrada de esto–, llega a la conclusión de que el Perú dio un salto gigantesco en su historia, en su vida política y social. Para comenzar, Cooperación Popular no fue solo un programa del gobierno para movilizar o promover el desarrollo humano. Cooperación Popular despertó al Perú profundo. Cooperación Popular le dio presencia al indio, ahora le dicen campesino, pero era el indio, que por primera vez podía aparecer en la escena nacional para gran disgusto de los sectores tradicionales del país, no precisamente los más conservadores, sino los sectores medios. Eso era ya un salto cualitativo en el país. Cuando en el año 64 se aprueba la ley de reforma agraria, lo importante no es que comienza la reforma agraria, que lo era, sino lo importante fue que se canceló definitivamente el pongaje en el Perú. Recién entonces se produce la liquidación de la servidumbre del indio en el Perú.

El APRA

–Imaginemos que se llevaban a cabo las elecciones de 1968, ¿cree usted que este ímpetu reformista (el del primer belaundismo) podría haberse mantenido con una presidencia de Haya de la Torre? ¿O piensa, más bien, que el Haya de 1968 ya no era el político reformista de años atrás?

–Daba la sensación por la política que siguió en el periodo 63-68 que el APRA había perdido por completo aquel impulso reformista. Después se “izquierdizó” mucho, sobre todo Villanueva. Pero lo real es que ellos se opusieron a todo el proceso de transformación que nosotros nos empeñábamos en impulsar. La reforma agraria fue mediatizada por ellos primero en la ley y luego fue boicoteada en el presupuesto, lo cual era lógico ya que en el Senado y también en la Cámara de Diputados estaban los grandes barones del azúcar y grandes hacendados, de tal manera que la reforma agraria no iba a caminar nunca por obra de ellos. Después, el APRA siguió con su retórica izquierdista e incluso se ha dado el lujo de “derechizar” al resto de personas. Pero lo cierto del caso es que, llegados al poder, no hicieron una transformación especialmente significativa, excepto barbaridades como la estatización de la banca, con los resultados que todos conocemos.

Fujimorismo

–¿Cómo percibe usted el acercamiento del fujimorismo al final de sus días con sectores doctrinariamente conservadores, acaso con personajes conservadores...

–Mire usted, yo no tengo una percepción del fujimorismo bajo esos términos. Yo no he visto a nadie coherente con una filosofía o un pensamiento económico o político, nadie, ni el propio Fujimori. Él ha sido candidato tres veces y en ninguna de las tres oportunidades se le ha escuchado difundir otra idea que no sea la cumbia del chino. Pero ideas coherentes respecto del cambio y la transformación económica no. Imagino que su ideario está en las disposiciones del Banco Mundial.

–Personajes como Francisco Tudela, anticosmopolita...

–Yo tuve un debate tremendo con Tudela en el Congreso. Yo lo reté incluso, le dije “vamos a debatir”, y por supuesto que no aceptó. Pancho es un hombre inteligente y de gran calidad... lástima que hubiera estado metido ahí... no me lo explico.

–O lo de Fernando de Trazegnies también, ¿no? Difícil de entender.

–No, para mí no. Lo conozco desde hace muchos años, desde muchacho. Es un pragmático. Él nunca se ha jugado por nada. En la época en que nosotros luchábamos políticamente él estaba al margen, en una posición cómoda. Todos se arriesgaban pero él no.

Transición

–Una primera cosa que salta a la vista es que, en contraposición a transiciones como las de Chile o España, aquí no hubo capacidad de reacción de las fuerzas armadas ante el colapso del régimen. La caída del régimen parece una estampida de ladrones y bribones. ¿Es esta una impresión correcta?

–Corresponde precisar algunos rasgos. En primer término, yo creo que la fuerza armada del Perú cobró plena conciencia de la gravedad de la corrupción cuando esta fue conocida integralmente, o comenzó a conocerse integralmente, por la difusión de los videos. En segundo lugar, yo tengo la impresión de que la fuerza armada estaba convencida de que sus compromisos con Montesinos y con Fujimori (la famosa acta de adhesión que firmaron todos los altos oficiales que incluso ahora están ahí) iba a funcionar. Obviamente, llegaron a la conclusión de que nada funcionaba si el comandante supremo comenzó por fugarse y el inspirador de todo, que era Montesinos, pasó a ser un delincuente perseguido internacionalmente, susceptible de ser capturado en cualquier momento. Creo que esos son factores que paralizaron a la fuerza armada.

El futuro de la democracia

–Hace un rato hablábamos de esa tendencia casi natural al autoritarismo de las clases bajas y altas y de todo el Perú en general. ¿Cuán vacunados cree que estamos para el futuro respecto a eso? ¿O la tentación autoritaria seguirá seduciéndonos en el futuro?

–Quiero decirles mi preocupación personal ya llegado a cierta edad. Soy ya un hombre mayor. En el año 56, cuando se eligió a Prado, Belaúnde impugnó el resultado electoral y pensamos que con esa impugnación se podía producir el golpe en cualquier momento. Y así sucedió el 62, luego de un proceso igual de discutido. En el año 63, cuando Belaúnde gana las elecciones, yo tenía la absoluta certidumbre de que el golpe no podía producirse hasta que surgió la patraña de la página 11 (…). Vino lo de la devaluación y la demagogia del APRA y del odriísmo. Fue atroz.

En 1980 fue más o menos lo mismo. Pero ese año sí tuve la convicción de que después de esos 12 años desastrosos de dictadura era imposible que los militares pretendieran un nuevo golpe. Y por eso para mí sí fue desconcertante el golpe del 5 de abril. Solo fue posible porque Fujimori estaba en la conspiración, sino los militares no se atrevían. El 5 de abril no es un golpe. Es la traición de Fujimori (…).

Sendero Luminoso

–¿Y el otro rostro de la tentación autoritaria, un proyecto violentista tipo Sendero Luminoso?

–No, ya el clima cambió. Sendero Luminoso y la aventura de los rojos fue posible porque tuvieron diez años de tranquilidad en los que se apoderaron, con la protección del gobierno, de las universidades, sindicatos, etc. E hicieron lo que les pareció en el país con la protección y simpatía del gobierno. Esos fueron los factores que contribuyeron a desencadenar esa experiencia. E incluso ahora nos toca ir a la Comisión de la Verdad. La situación para nosotros ha sido un poco incómoda.


“Yo Le gané a Hugo Blanco”

–¿Es verdad que usted disputó la final de un campeonato de ajedrez escolar con Hugo Blanco?

–Sí, y le gané. Hugo estaba un año antes que yo en el colegio y representaba a la unidad escolar. Él había ganado el campeonato de los colegios nacionales. Me parece que eran solo dos colegios en Cusco en ese momento y yo gané el campeonato de los colegios particulares, y la final la jugamos Hugo Blanco y yo, y le gané. Siempre cultivamos una buena amistad con él hasta que ocurrieron una serie de hechos que lo vincularon con situaciones muy desagradables. Durante unos años no tuvimos diálogo pero nos volvimos a encontrar en el Congreso de 1980, siendo yo miembro de la cámara y él también. Él tuvo siempre un comportamiento amable conmigo, y desde luego cuando fui Presidente tuvo gestos de mucha cordialidad. No lo he vuelto a ver y lamenté mucho que estuviera enfermo en los últimos tiempos.

ENTREVISTA A OLLANTA HUMALA

“Muchos se vendieron por un plato de lentejas el 2006”

Ollanta Humala fue el candidato sorpresa en el proceso electoral que llevó a AGP por segunda vez al poder. Humala quedó a muy poco del triunfo. Ahora se prepara para el 2011 y, a diferencia de los otros posibles candidatos, admite aquí que sí lo será.

Por Federico de Cárdenas

Hace poco tuvo una coincidencia inesperada con el ex presidente Toledo. Ambos le pidieron al presidente García que sacara las manos del escenario electoral.

–Sí, pero ahí hay dos posiciones: una principista y otra oportunista. Esta última es la del señor Toledo, quien siendo socio del señor García en la exportación del gas, y ambos defensores calificados de la Constitución delincuencial de Fujimori, ahora aparenta ser oposición y pide algo que él no practicó. Basta buscar los diarios del 2006 y se verá al señor Toledo haciendo campaña por AGP en la segunda vuelta, cuando decía que se tenía que votar por la democracia y no por el chavismo o el salto al vacío. Por eso me parece patético que no encuentre mejor manera de hacer su campaña. En cuanto al PNP, hemos denunciado en todo momento la decisión de García de intervenir en la campaña, y no solo ahora sino desde que dijo a la banca regional que no sabía quién sería el próximo presidente, pero sí podía cerrar el paso a quien no quería que fuera. Todos coincidieron en que el mensaje me estaba dirigido.

–En esas recientes declaraciones suyas en las que dice que todos los candidatos forman parte del fujimorismo sin Fujimori, ¿no reconocería matices?, ¿están todos en el mismo saco?

–¿Qué es el fujimorismo sin Fujimori? Es defender la Constitución delincuencial de 1993, la cual –con el problema del gas– revela una vez más su necesidad de ser cambiada. Toledo y García la defienden, con lo que descubren que sus gobiernos son lo mismo, y practican una relación Estado-capital en la que el Estado renuncia a la propiedad de los recursos y vive de la venta de los mismos, un sino común a los países primario exportadores, pero al menos la mayoría de los restantes defienden sus recursos naturales y son propietarios de ellos. El Perú es una excepción escandalosa, y eso es lo que han defendido Toledo y AGP. Por eso decimos que no hay diferencia entre ellos.

–¿Rescataría algo del segundo gobierno de Alan García?

–Claro que sí. El crecimiento económico, por ejemplo. Es verdad que es insuficiente, pero es real. También rescatamos la forma como se ha llevado el contencioso marítimo con Chile ante el Tribunal de La Haya. Pero no podemos tolerar el entreguismo de este gobierno al permitir la exportación del gas de los lotes 88 y 56, mintiendo a la población del Cusco y sembrando una bomba de tiempo en el futuro del país. Ahora mismo se está vendiendo gas del lote 88, el mismo que según el gobierno ha quedado reservado al consumo nacional. Eso es algo que no podemos avalar.

–Haciendo una autocrítica en retrospectiva, ¿aceptaría que la selección de sus congresistas en el 2006 no fue todo lo acertada que el caso requería?

–Por cierto. Hemos cometido muchos errores y entre ellos figura el no haber tenido una selección más adecuada e idónea de nuestros candidatos al Congreso. El 2006, una vez que terminaron las elecciones, y como no llegamos al gobierno, muchos de ellos se vendieron por un plato de lentejas.

–¿Por qué su partido no presentó candidato a la alcaldía de Lima y de qué manera enfrentan las elecciones municipales y regionales?

–Para nosotros lo más importante en el momento son las elecciones nacionales, y se encuentran tan próximas a las municipales y regionales que teníamos que ver una prioridad. Pero no estamos ausentes: en los lugares en los que lo hemos visto adecuado sí hemos presentado candidatos y estamos participando como partido en diversas regiones del país. Creo además que hay que saber respetar los liderazgos regionales y municipales, que muchas veces no se encuentran dentro de los partidos. Por eso planteamos la estrategia de abrir el proyecto nacionalista a diferentes candidatos que tengan una veta nacionalista y los estamos apoyando.

–¿Hay algún cambio en la estrategia política del PNP? Da la impresión de que ahora están más volcados al interior del país que a Lima. ¿Estoy en lo cierto?

–Lo que hemos hecho, luego de haber salido de la serie de procesos penales que se me armaron y que me tuvieron inmovilizado en Lima por más de tres años, es recorrer el país agradeciendo a la población el apoyo que nos dieron en la campaña anterior. Pero es cierto que estamos recorriendo las provincias, tratando de llegar hasta donde no pudimos hacerlo en la campaña del 2006. Luego nos dedicaremos a Lima.

–¿Cuánto se ha avanzado en la construcción partidaria? ¿Se podría decir que el PNP es ya un partido con implantación nacional?
–Claro que sí. Es un partido que genera identidad en su militancia. Hace un momento hablamos de errores: hay que recordar que no éramos partido en el 2006 y que fuimos bajo el paraguas legal de UPP. Apenas UPP se vendió al gobierno dimos por terminada la alianza, con el problema de que ellos se han quedado con la olla. Pero lo que no pudieron quitarnos fueron nuestras ideas y planteamientos, nuestra interpretación del país y las soluciones que tenemos. Por eso vamos ahora con la “O”.

Hace unos meses, un grupo de conocidos intelectuales le dio su apoyo, sin que eso implicara una afiliación al PNP. ¿Trabaja con ellos su plan de gobierno? ¿Qué tipo de vínculo mantienen?

–El proyecto nacionalista es más amplio que el partido, que es la columna principal del proyecto. He agradecido públicamente el apoyo valiente y desinteresado de esos intelectuales. Es un gesto pocas veces visto que, a más de un año de una campaña electoral, salga un grupo de intelectuales de diferentes raíces ideológicas y anuncien un apoyo. Ellos son una columna más de las que sustentan el proyecto; otras son los movimientos sociales y gremiales, con los que venimos trabajando desde hace buen tiempo. Y también hay movimientos de carácter local y regional ligados. Nuestra estrategia de trabajo es tratar de incluirlos a todos. Nuestro plan de gobierno es una responsabilidad compartida entre el partido y una comisión de intelectuales por el cambio, y está bastante avanzado. Recoge las bases del 2006 e incorpora nuevas propuestas: nueva democracia para todos, nueva Constitución, etc. Necesitamos redefinir el poder en el Perú y una revolución educativa.

–En el pasado, su cercana relación con Hugo Chávez acabó perjudicándolo. ¿Qué relación tiene con él y cómo ve al gobierno venezolano?

–En mi opinión, el Perú debe fortalecer la relación con todos los países latinoamericanos, sea la Venezuela de Chávez o la de Juan Pérez. Buscaremos una relación de integración y amistad con todos en el continente, siempre de acuerdo con los intereses nacionales. También creo que lo que pasa en cada país es problema de ellos. No tenemos por qué juzgar lo que pasa en una casa que no sea la nuestra. Aseguro que nuestra transformación del Perú no será copia o calco de la de otros países.

–¿Le son indiferentes esos casos de censura a la prensa en Venezuela, que se ha visto obligada a salir con espacios en blanco?

–En verdad, no sé lo que esté pasando con la prensa en Venezuela y sobre eso no voy a opinar. Mi compromiso es defender la libertad de expresión, no solo la de los de arriba –que ya la tienen– sino también la de los de abajo. Eso implica también un comportamiento adecuado de la prensa. Hemos defendido a Canal 4 cuando el gobierno maniobró con Crousillat, a radio La Voz de Bagua, a radio Orión en Pisco, a radio Cutivalú. Hemos denunciado el cierre de radios en Chimbote porque eran de oposición. ¿Qué más muestras quieren de que estoy con ustedes?

–Casi todos los posibles candidatos dicen que todavía lo están pensando. ¿Usted también?

–No. Voy a ser candidato y participaré en las elecciones. Pero será el Congreso del PNP el que así lo determine.

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