Mostrando las entradas con la etiqueta TRIBUTARIO. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta TRIBUTARIO. Mostrar todas las entradas

sábado, 23 de octubre de 2010

Un escurridizo proyecto de ley

Existe un Proyecto de Ley en el Congreso que tiene dictamen favorable para su aprobación hace 18 meses y que, sin embargo, no ha sido debatido en el pleno hasta la fecha.

Si bien este proyecto de Ley ha tenido “prioridad” en el debate varias veces, sucede que ha sido muy escurridizo. En efecto, estuvo en la Orden del Día del Pleno del 29 de octubre del año pasado. Luego, el 22 de abril de este año, la Junta de Portavoces le dio “prioridad” para que lo debata la Comisión Permanente. Tres meses después, el 14 de julio estaba en la Agenda de Orden del Día pero, misteriosamente, desapareció de la Agenda ese mismo día.

El 2 de setiembre, el Presidente de la Comisión de Economía, Banca, Finanzas e Inteligencia Financiera, Rafael Yamashiro, solicitó que, por acuerdo de esa Comisión se le priorice en el debate del Pleno del Congreso. Pero nada.

El 16 de setiembre el Congresista Víctor Andrés García Belaunde solicitó al Presidente del Congreso, César Zumaeta, que se le dé, otra vez, prioridad. Esta vez el Proyecto de marras sí entró a debate del pleno pero no pudo ser discutido porque el Presidente de la Comisión de Economía, Rafael Yamashiro, no asistió a la sesión del Congreso.

El escurridizo proyecto de ley es ni más ni menos aquel que plantea que las empresas peruanas que se venden en el extranjero paguen el impuesto a las ganancias de capital en el Perú. El proyecto engloba tres iniciativas con el mismo objetivo: el PL-2901, el PL-3088 y el PL-3092 de Rosario Espinoza, Víctor Andrés García Belaunde y Luis Carranza (entonces Ministro de Economía), respectivamente.

La cuestión es la siguiente: en una operación de compra-venta de una empresa, el vendedor tiene la obligación de pagar el impuesto a la ganancia de capital. Si esa venta se realiza en el Perú, no hay problema y la cosa está clara.

No sucede lo mismo cuando la empresa peruana se vende en el extranjero, pues esos casos no están previstos por la legislación tributaria vigente. Es ese “vacío” en la ley que se pretende cerrar con las iniciativas antes mencionadas, modificando la Ley del Impuesto a la Renta. El problema es que, en esta época de globalización, hay un montón de empresas peruanas que se han vendido afuera y no han pagado impuestos en el Perú. Entre ellas la minera china Zijin que compró Majaz a la inglesa Monterrico Metals por US$ 179 millones; Chinalco que compró Toromocho a la canadiense Peru Copper por US$ 792 millones; la petrolera francesa Perenco compró a Barrett el Lote 67. Y, hace poco, la brasileña Vale do Río Doce vendió un paquete de sus acciones de Bayóvar a Mosaic y Mitsui en Holanda, con lo que dejamos de recaudar US$ 112 millones.

Y, en esta época de globalización, las ventas de empresas peruanas en el exterior van a seguir, por lo que deben pagar el impuesto en el Perú. Ojo: no se trata de un “impuesto nuevo” porque ese impuesto lo van a pagar de todas maneras en algún otro país. Pero si la renta proviene de una fuente peruana, ¿por qué no se paga aquí?

Porque hay intereses empresariales que prefieren que se pague afuera, porque en algunos países la tasa del impuesto es menor a la peruana (por ejemplo en Holanda). También hay intereses de estudios de abogados y “lobbies” que cobran para que ello suceda. Y así.

Son estos intereses, contrarios a los nacionales, los que convierten a este proyecto de ley en inalcanzable, como el correcaminos que se le escapa siempre al coyote. ¡Qué vergüenza

Hecha la concesión, hecha la addenda

Por Humberto Campodónico

En el año 2002, la Sunat emitió un informe en el cual se decía que, de 1991 a esa fecha, se firmaron 257 Contratos de Estabilidad Jurídica con diferentes empresas. De estos, solo 175 eran convenios originales, mientras que los 82 restantes fueron modificaciones de los convenios originales (“addendas”).

Los “reyes de la addenda” fueron Falabella y Luchetti (5 veces). LAP (aeropuerto), 4 veces. Dos empresas (Kimberly Clark y Mobil Oil), 3 veces. 14 empresas lo hicieron 2 veces (entre ellas Graña y Montero, Cinemark, Banco Santander, Consorcio Transmantaro, TISUR y Transportadora de Gas del Perú).

Hace poco, el presidente de Ositrán, Juan Carlos Zevallos, dijo que en 13 contratos de concesión de su sector se habían efectuado 59 addendas desde 1990 hasta el 2010. El sector con más cambios fue carreteras, con 38 casos. La concesión “ganadora” fue el Ferrocarril del Centro con 8 addendas, seguida por Red Vial Arequipa-Matarani, Red Vial Urcos-Inambari, Red Vial Inambari-Azángaro, con 5 cada una (Día 1, 20/9/2010).

Hay varios problemas de fondo. El primero es que casi todas las empresas tienen contratos de estabilidad jurídica firmados con el Estado, es decir que son contratos-ley y solo pueden ser cambiados previo acuerdo entre las partes. Además, el Art. 62 de la Constitución fujimorista de 1993 les dio “blindaje” jurídico.

En la enorme mayoría de los casos, las empresas piden las “addendas” y el gobierno las acepta. Sin embargo, cuando se plantea que el Estado modifique el contrato original, entonces se dice que “se están violando las reglas de juego”, lo que “ahuyenta la inversión”.

Otro problema es que algunas empresas hacen ofrecimientos “que superan la lógica matemática del mercado” para ganar la buena pro. Una vez ganada, comienza el “lobby” ante los organismos reguladores para pedir la “addenda” que les permita obtener una mayor rentabilidad.

Ositrán dice que “le preocupa el corto período transcurrido desde la suscripción de la concesión hasta su modificación, que en muchos casos ha sido de menos de un año”. Aquí hay competencia desleal con los otros postores, que presentaron ofertas “realistas”, pero que perdieron.

Hay casos en que las concesionarias hacen todo lo posible por demorar el inicio de sus inversiones. Por ejemplo, en las carreteras, muchas veces el Estado tiene que expropiar terrenos. Si hay demora, la construcción no se puede efectuar, pero la concesionaria sigue cobrando el peaje correspondiente, es decir, “hace caja”. José Luis Guasch, del Banco Mundial, dice que eso también ha sucedido con LAP (Aeropuerto Jorge Chávez).

Un problema central es que ProInversión quiere concesionar todo lo que pueda en el menor tiempo posible, lo que equivale a estudios de factibilidad hechos “al apurete” o que simplemente nunca se hicieron, como en el caso del puerto de Paita, donde recién la concesionaria lo va a hacer. De Ripley. Agreguemos que el DU-047-2008 le da amplios poderes a ProInversión para que “acelere los procesos”, disminuyendo las opiniones y recomendaciones de la Contraloría y los reguladores.

Así, “concesionar” se ha convertido en una forma encubierta de privatización. En otros casos, la modalidad de las Asociaciones Público-Privadas prevé un ingreso mínimo garantizado por el Estado, lo que “hace fácil” la concesión, pero puede resultar en una pesada carga para el fisco en los próximos años.

El Sr. Zeballos ha planteado un proyecto de ley “que garantice que los contratos solo puedan modificarse bajo condiciones claramente definidas”. Es un paso en la dirección correcta (que ya ha recibido la oposición del estudio de abogados Rubio, Leguía, Normand). Pero en verdad lo que se necesita es una reingeniería total del sistema de concesiones y contratos, que se modifican a gusto del cliente desde 1991 hasta la fecha. Y, sobre todo, la derogatoria del Art.62 de la Constitución.

(1) Estimación del efecto de los convenios de estabilidad jurídica sobre la recaudación, www.sunat.gob.pe

NO AL RETROCESO DE LA POLÍTICA DE EDUCACIÓN INTERCULTURAL BILINGÜE

“Desde el gobierno de Sagasti venimos arrastrando recortes presupuestales a la Política de EIB, que tiene impacto directo en la formación y ...