miércoles, 19 de agosto de 2009

ALAN GARCIA Y DIONISIO ROMERO LOS HOMBRES MAS INFLUYENTES DEL PERU



Los dos comparten una historia de amores y odios. Los dos se declaran de centroizquierda, pero sus nombres (hoy) evocan a la derecha. Los dos han marcado, para bien o para mal, el destino del país durante los últimos 30 años. Alan García y Dionisio Romero conforman, este año, el dúo más poderoso del Perú, según los resultados de la XXIX Encuesta del Poder. @articulo.titulo ) -->
Por Gonzalo Carranza y Viviana Gálvez

Charles Conrad y Alan Bean pisaron la luna en noviembre de 1969 como parte de la misión Apolo XII, la segunda en lograr un alunizaje exitoso. Synchronicity, de The Police, fue el segundo álbum pop más exitoso de 1983, el año en que Thriller, de Michael Jackson, batió todos los récords. Sporting Cristal ocupó el segundo puesto del Torneo Descentralizado de 1997, aquel en el que Alianza Lima se coronó como campeón después de 19 años. Cuando Roger Federer obtuvo en el Roland Garros del 2009 su decimoquinto trofeo de Grand Slam, Andy Roddick quedó segundo. Y si usted no sabía ninguno de esos datos, no se preocupe: el olvido suele ser el lugar asegurado de aquellos que no llegan a la cima del podio.
Pero el panorama cambia dramáticamente cuando se trata de analizar la Encuesta del Poder que APOYO Publicaciones viene realizando desde hace 29 años. En todas las encuestas, el primer lugar fue ocupado por el presidente de turno. No obstante, son los puestos que vienen detrás y, particularmente, el segundo lugar, los que despiertan la atención de quienes toman el sondeo como un termómetro de los tiempos que nos tocan vivir.
Recuérdese, por ejemplo, el año 1993. Justo detrás del previsible primer lugar obtenido por Alberto Fujimori, asomaba la presencia de Vladimiro Montesinos. Si bien el ex asesor y jefe de facto del Servicio de Inteligencia Nacional ya había ocupado el cuarto lugar un año antes, su segundo puesto de 1993 evidenciaba la tendencia que marcaría el resto de la década: un poder no oficial, oscuro y, a la larga, corrupto funcionaría como número dos del depositario de la mayor proporción de poder formal que alguien puede recibir en el Perú: el Presidente de la República.
“En épocas normales, el segundo usualmente es el primer ministro o el ministro de Economía, pues la encuesta refleja quién tiene más influencia en el Poder Ejecutivo, en las decisiones del Presidente”, explica Alfredo Torres, presidente ejecutivo de Ipsos APOYO Opinión y Mercado, empresa encargada de procesar, año a año, los resultados de la encuesta. “Y en el caso de Fujimori y Montesinos terminó ocurriendo eso también”, añade Torres. El dúo al tope de la encuesta se repetiría hasta el 2000, y en 1997 Fujimori y Montesinos estuvieron al borde del empate (lo que motivó la celebérrima carátula con los rostros de ambos partidos por la mitad). Luego, el régimen se derrumbaría y nuevas caras llegarían al primer (y al segundo) lugar.
Así, entre los años 2002 y 2004 se daría un nuevo escenario en la historia de la encuesta: mientras el primer puesto seguía correspondiendo al Presidente –en este caso, Alejandro Toledo– el segundo puesto fue ocupado durante ese trienio por Alan García, el principal líder de oposición. Toda una muestra de la fragilidad del gobierno de Perú Posible, partido que, dicho sea de paso, nunca logró colocar un militante en el podio de la encuesta. Así, durante los cinco años de gobierno, figuraron –además de García– en el puesto dos o tres los independientes Pedro Pablo Kuczynski, Roberto Dañino y Javier Silva Ruete.
La segunda entrada a Palacio de Gobierno de Alan García Pérez devolvió a la encuesta sus resultados habituales: durante tres años consecutivos (2006, 2007, 2008), Jorge del Castillo, en su posición de primer ministro, se adueño del segundo puesto. Pero también durante los mismos tres años, asomó en el tercer lugar un nombre que, si bien habitual en el top ten de la encuesta, nunca antes se había encaramado en el podio: Dionisio Romero Seminario. Y el 2009, con Del Castillo fuera de cualquier cargo formal en el Ejecutivo, Romero, viejo zorro de la política y de los negocios recién jubilado, ha alcanzado el segundo lugar.

La importancia de ser segundo
“Los resultados de la encuesta me parecen consecuentes con la percepción que se tiene sobre la estrecha relación del gobierno con la empresa privada y con el capital privado”, apunta el periodista Augusto Álvarez Rodrich. “Dionisio Romero aparecía siempre en la encuesta, pero lo que es interesante este año es su presencia dominante” señala, por su parte, el semiólogo Eduardo Zapata. “Ello revela en los encuestados la percepción de que se está reeditando esta idea de ‘los 12 apóstoles’ empresariales del primer gobierno de García”, añade.
El poder del silencio
“Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas”. El viejo proverbio árabe le cae como anillo al dedo a la estrategia política de quien es reconocido por la encuesta hecha al público en general a nivel nacional como el segundo hombre más poderoso del Perú: Luis Castañeda Lossio.
Pero el resultado obtenido en la encuesta a “la calle”, así como el sexto puesto en el sondeo a líderes de opinión, le puede traer malos recuerdos al burgomaestre limeño. En ediciones anteriores de la Encuesta del Poder, la aparición temprana de “presidenciables” como Mario Vargas Llosa o Alberto Andrade no fue una garantía de triunfo. “Castañeda es consciente de esas historias, en las cuales los candidatos se desgastaron antes de tiempo”, argumenta Alfredo Torres, presidente ejecutivo de Ipsos APOYO Opinión y Mercado, para explicar la estrategia de “mudez” del alcalde.
“Lo que impacta en el caso de Castañeda es el nivel de aceptación que tiene”, afirma el analista Romeo Grompone. Mientras tanto, para Torres, el segundo lugar del alcalde es un reflejo más de la ausencia de figuras de peso en el Ejecutivo y en el Apra, similar al caso de Jorge del Castillo el año pasado.
De esta manera, una conclusión que se podría derivar de la presencia de Romero en el segundo lugar es la intuición de cierto cogobierno entre García y las grandes empresas privadas a las que, luego de su supuesta conversión ideológica, ve como las principales generadoras de desarrollo para el Perú. A ello no sólo apuntan los artículos editoriales de García –particularmente su serie sobre el “síndrome del perro del hortelano”– y su constante presencia en eventos empresariales, sino también los rumores sobre sus frecuentes cenas con empresarios para sondear su opinión sobre la coyuntura política y económica. Ello era incluso más evidente en la encuesta del año pasado, donde no sólo Romero aparecía en el tercer lugar, sino que también Roque Benavides Ganoza, CEO de Compañía de Minas Buenaventura, y Pedro Brescia, una de las cabezas del grupo empresarial del mismo nombre, ocupaban los puestos 8 y 9, respectivamente.
Hoy, en cambio, Romero aparece solitario en el top-ten, ratificando lo que advierte Romeo Grompone, investigador del Instituto de Estudios Peruanos: que el ex CEO de Credicorp no es considerado únicamente como más poderoso que sus pares, sino también más influyente que los gremios empresariales y sus representantes. Véase, en ese sentido, el lejano puesto 30 que ocupa en la encuesta Ricardo Briceño, actual presidente de la Confiep.
“Pero Dionisio Romero ya se retiró de la posición que ocupaba en el Banco de Crédito y está transfiriendo la dirección del grupo a su hijo, por lo que se da una situación muy curiosa y sorprendente”, dice el analista político Fernando Rospigliosi. Sin embargo, de acuerdo con Alfredo Torres, toda la figuración pública que tuvo Romero durante su retiro –incluida una entrevista dominical en la principal página de El Comercio en la que se declaraba “de centroizquierda”– pudo haber empujado al alza su visibilidad, un criterio importante entre quienes responden la encuesta. A ello se podría sumar, incluso, que aumentó su visibilidad al-lado-de-García, quien estuvo presente en uno de los cócteles de despedida que tuvo el empresario.
“Dionisio Romero es un símbolo del sector empresarial”, apunta Rospigliosi. “Desde hace tiempo se lo considera el empresario más poderoso, pues, aunque desde el punto de vista económico el Grupo Brescia puede tener más poder, Romero siempre ha sido más relevante en el campo político”, añade el analista. Así, cabría recordar su participación como uno de los símbolos de la mayor protesta que afrontó el propio García en su primer período: la movilización contra la estatización de la banca en 1987. “Además, sus empresas exitosas son también muy famosas, como el Banco de Crédito o Alicorp”, detalla Torres. En ese sentido, un detalle que llama la atención es que, ante la consulta sobre los ejecutivos más poderosos, los gerentes generales de ambas compañías, Walter Bayly y Leslie Pierce, ocupan el primer y el tercer lugar, respectivamente.
“Lo que muestra la encuesta es que, por encima de opositores y de líderes políticos, el poder está concentrado en la economía”, puntualiza el politólogo Fernando Tuesta Soldevilla. “Y la figura de Dionisio Romero Seminario responde muy bien a esta circunstancia, pues en él confluyen la importancia en el plano económico y el poder”, agrega.

Consecuencias de un ascenso
¿Pero implica la subida de Romero una entronización de la derecha económica? “Es un resultado muy vinculado con el modelo de crecimiento impulsado por el gobierno”, apunta Grompone. Sin embargo, Romero nunca ha sido abiertamente defensor de posturas ideológicas de derecha, sino que, más bien, ha ido acomodando sus visiones políticas con sus intereses empresariales. “Su posición política no es tan reaccionaria; es mucho más progresista que muchos políticos”, explica, en ese sentido, el sociólogo Sinesio López.
Lo que sí parece claro es que el resultado de la encuesta cambia dos dinámicas. La primera es que resulta complicado argumentar que Romero sea la voz en el oído de García, o quien más influencia tenga en sus decisiones, por más cercanía que hayan demostrado ambos personajes en el pasado reciente, ello tanto por las características del poder de Romero como por la propia personalidad del presidente. “Todo el mundo sabe que no admite segundos, visibles ni invisibles”, apunta Zapata. Para el semiólogo, quien mejor representa al poder detrás del poder –en general, no necesariamente detrás de García– es la figura de “Don Bieto”. ”No el personaje específico, sino el Bieto omnipresente, el lobbista chicha”, explica el semiólogo, evocando tal vez más al personaje encarnado por Carlos Álvarez que al de carne y hueso.
En ese sentido, el de Romero es un segundo puesto que muestra una dinámica política diferente, con menos distribución de poder dentro del Ejecutivo y de la clase política en general, y más poder en el mundo económico y de los negocios.
La segunda diferencia tiene que ver menos con la encuesta y más con las muestras de cercanía de García hacia Romero y el resto del empresariado que los resultados dejan ver. En ese sentido, uno de los matices que marcó la campaña electoral del 2006 vino dado por las constantes acusaciones de Alan García a Lourdes Flores Nano de ser “la candidata del Grupo Romero” por la presencia de personalidades cercanas a éste en el entorno de Unidad Nacional, como Arturo Woodman, Martín Pérez o Rafael Rey. Hoy, si no es ocioso mencionarlo una vez más, los tres ocupan puestos en el gobierno aprista. Y, por supuesto, para García, el nombre de Dionisio Romero ya no suena a blasfemia.

La fragilidad de la política
Más abajo en la encuesta, el tercer lugar este año corresponde al ministro de Economía, Luis Carranza. Álvarez Rodrich interpreta esto, nuevamente, como una muestra de la importancia que le da el actual gobierno a sus relaciones con el capital privado. Y aun más abajo, en el puesto número siete –uno arriba del primer ministro Javier Velásquez Quesquén– aparece el líder aprista Jorge del Castillo.
“Del Castillo se ubica en un puesto muy alto, teniendo en consideración que dejó el puesto de primer ministro, pero se le reconoce como el enlace entre el gobierno y el capital”, argumenta Álvarez Rodrich. “Para las élites, es el aprista con quien más se puede conversar. Ha desarrollado muy bien ese posicionamiento”, añade Tuesta Soldevilla. Ahora bien, de acuerdo con Zapata, esta imagen de “amigo de los empresarios” puede alejar a Del Castillo de las bases del Apra.
En ese sentido, el puesto siete se podría interpretar como un promedio entre los puntos a favor y en contra de Del Castillo. Entre los primeros, destaca con claridad el nombramiento en el último gabinete de varios ministros, incluido el propio Velásquez Quesquén, conocidos por su cercanía con él. “El hecho de que el primer ministro esté por debajo de Del Castillo muestra que se le percibe como una “mano” de éste”, sentencia Álvarez Rodrich. Mientras tanto, entre los puntos negativos del ex premier se cuenta la menor solidez de su posición al interior del partido, donde líderes como Mauricio Mulder y Mercedes Cabanillas –además de los cada día más mediáticos “cuarentones”– sí pueden disputarle posiciones de poder (ver artículo Poder Estelar).
“El Apra ya no existe”, concluye Zapata. “Quien existe es Alan García y creo que todos los demás líderes del Apra y la gente en general son muy conscientes de esto”, añade el semiólogo. Un detalle histórico puede ser la mejor muestra de ello: en 11 de los 29 años de la Encuesta del Poder, el Apra consiguió ubicar a un militante suyo en el paradigmático puesto número dos. Este año, en cambio, su mejor resultado después de García es justamente el séptimo puesto de Del Castillo.
Y la fragilidad de lo político de cara a las elecciones del 2011 también se manifiesta en la diversidad de personajes que se ubican entre los 30 más poderosos. Por encima de presidenciables como Luis Castañeda Lossio, Lourdes Flores Nano, Keiko Fujimori o Alejandro Toledo, está Mario Vargas Llosa en un sorprendente quinto lugar. Por encima de la Defensora del Pueblo, del presidente del directorio del Banco Central de Reserva y del saliente premier, está el chef Gastón Acurio “Lo que la Encuesta está mostrando es una fragmentación enorme del poder en el Perú”, concluye Rospigliosi. Habrá que esperar a que la Encuesta del Poder cumpla 30 años para ver si, con las elecciones regionales y municipales inminentes y la campaña presidencial cobrando calor, la política vuelve a los reflectores.

El poder en las regiones


que tal amigos , comparto con ustedes este interesantisimo articulo qque tome del ultimo numero de semana economica en su edicion de sobre El poder en las regiones
Edición de Agosto 2009
La Encuesta del Poder descentraliza su análisis y consulta, por primera vez, acerca del poder en zonas específicas del interior del país. ¿Quiénes son los más poderosos en la costa norte, el sur andino, la sierra central y la selva? Las cabezas de los principales diarios del interior analizan las respuestas. @articulo.titulo ) -->

COSTA NORTE
Hugo Ignacio
Director del diario La Industria de Chiclayo
Los resultados de la Encuesta del Poder son acertados respecto de su percepción del poder en la costa norte. Yehude Simon hizo un trabajo positivo en Lambayeque, y gracias a la amistad política con el presidente García ocupó un cargo como el premierato, que le dio exposición nacional.
El caso de Velásquez Quesquén, reconocido en Chiclayo como excelente persona, no es sin embargo señal de posibilidades del Apra en las próximas elecciones regionales en Lambayeque. Hay que notar que, a diferencia de lo que puede ocurrir en Trujillo, en Chiclayo el poder del alcalde recién está recobrando algo de vigencia luego de vista la poca eficacia de las últimas gestiones, así que más bien es el gobierno regional el que tiene mayor presencia mediática.
Finalmente, cabe mencionar que Luis Castañeda Lossio –segundo entre los más poderosos a nivel nacional– es un hombre muy respetado en Chiclayo. Aunque su poder todavía no es muy fuerte en el nivel regional, arrancando su campaña podría tener acogida no sólo como paisano, sino por el reconocimiento que persiste respecto de su labor en el Seguro Social.

Juan José Bringas
Editor del diario La Industria de Trujillo
El poder de César Acuña tiene dos aristas: como político lo que le confiere ser alcalde de Trujillo y presidente de la Asociación de Municipalidades del Perú, y por otro lado su exitosa trayectoria empresarial. La Universidad César Vallejo es un consorcio que está en todo el norte y hasta en Lima, que le da mucha presencia en lo académico y peso como inversionista en lo económico.
José Murgia –alguien que en sus tres períodos ha sabido mantener un manto de honestidad y decencia en torno de sus varias gestiones– aparece más rezagado porque en Trujillo siempre un alcalde va a tener mayor exposición mediática que un presidente regional: el primero se encarga de ver directamente las obras y el desarrollo local, mientras que el segundo se encarga de ir más a provincias, donde no hay mucha prensa. Si Murgia sigue apareciendo, en realidad, es porque ha dejado buena estela, pero hoy él aparece muy poco. Acuña, en cambio, como Rector Fundador de su consorcio universitario, está en todos los eventos importantes, algo que maneja muy bien y capitaliza con réditos.

Luz María Helguero
Directora del diario El Tiempo de Piura
La aparición de Dionisio Romero, representante del empresariado piurano, en el segundo lugar de la Encuesta del Poder está relacionada con que ha habido mucha prensa alrededor de él en este último año a raíz de su retiro, lo cual influye decisivamente. Si Yehude Simon, por otra parte, lo aventaja en la encuesta para la costa norte es porque ha estado casi nueve meses de primer ministro, y pasó a tener más prensa nacional que regional.
En Piura teníamos un alcalde, José Aguilar Santisteban, que si hubiera estado vivo –falleció el año pasado en pleno ejercicio de su tercer período– muy probablemente habría tenido que estar en el listado. Ahora dejó en su lugar a una persona (Mónica Zapata) sin mayor experiencia ni partido que la respalde. Por su parte, el presidente regional es un desastre y cabe recordar que fue elegido con sólo 21% de los votos, por lo que el proyecto de tener una segunda vuelta para los comicios regionales es conveniente.

Joel Odar

Estudiante de la Universidad César Vallejo de Trujillo
La posición que ocupa Yehude Simon tiene que ver más con su exposición regional, porque es posible que si se analiza el tema en el nivel regional, el propio César Acuña, pese a ser trujillano, tenga más incidencia, según tengo entendido, en el propio Lambayeque a través de sus universidades y colegios, además de su posición política. José Murgia, en tanto, es un personaje proveniente de una familia tradicional, con empresas, que ha tenido una trayectoria política importante y por eso mantiene un lugar.
Velásquez Quesquén es más una figura simbólica, ya que procede de una provincia pequeña como Chepén; pero al igual que en el caso de Simon, su nivel de incidencia directa sobre la región es pequeño. De hecho, hay gente mucho más influyente que ellos en el nivel local: los Sánchez Paredes, vinculados frecuentemente con temas de narcotráfico, por ejemplo, son gente que tiene decididamente mucho más influencia.



SUR ANDINO
Carlos Meneses
Director del diario El Pueblo de Arequipa
Me parece prudente y justo que se considere a Juan Manuel Guillén como el hombre de más influencia en el caso de Arequipa. El presidente regional de Puno ha sido más espectacular, más polémico; en contraste, Guillén es más bien una especie de "león domado". Ha evitado conflictos con el gobierno, y además, su amistad personal con el alcalde ha permitido que el Gobierno Regional y la Municipalidad Provincial se entiendan.
En contraste, el Grupo Gloria ya no tiene sino una presencia histórica en la ciudad. Su aparato es internacional y tiene por sede local a Lima. Ciertamente, sigue siendo el sustento de millares de ganaderos. Finalmente, no dudo que Ollanta Humala va a ganar las elecciones del 2011 en lo que concierne a Arequipa, sin que eso quiera decir que aparte de él algún nacionalista tenga una posibilidad de figurar en la región. En Arequipa, el humalismo tiene las preferencias, pero a la vez es una cosa amorfa y sin cabezas visibles: no tiene un líder que salga a la calle, una presencia significativa en la ciudad.

René Calderón
Director del diario Los Andes de Puno
En realidad, para efectos de Puno, a través de su posición en el Congreso, Yohny Lescano tiene mayor espacio de poder que Hernán Fuentes; ocurre que este último tiene más espacio mediático. Y además que si bien en la ciudad es reconocido como un personaje corrupto, en otras zonas de la región sí goza de popularidad. Según encuestas locales, Fuentes mantiene hace meses mayor aceptación que su antecesor David Jiménez, quien era un hombre más culto pero no tenía llegada en el sector rural, y además enfrentó problemas sonados con denuncias por corrupción.
Respecto de los demás resultados, la presencia de Juan Manuel Guillén es importante; tiene trayectoria política y, desde el punto de vista del sur andino, es un tipo presidenciable. Con Fuentes puede existir esa percepción en otros departamentos, pero en el mismo Puno no tiene peso.
Sí estoy totalmente de acuerdo, en tanto, con la percepción de Ollanta Humala como personaje más poderoso en el sur andino. Como medio de comunicación, cada vez que titulamos algo respecto de Humala hay fuerte demanda.

Washington Alosilla
Director del Diario del Cusco
Me parece increíble que ningún cusqueño aparezca entre los más poderosos del sur andino. Quizá en Puno y Arequipa hay conceptos muy regionalistas, mientras que en el Cusco hay líderes que están generando más representatividad. Un caso es el Grupo Oviedo, cusqueño, que domina el negocio azucarero en el norte del país.
En el caso de Ollanta Humala no puede desconocerse la fuerza brutal que tiene en la zona. Pero otro personaje que suena aquí, nos duela o no, es Máximo San Román, quien pesa bastante y podría tener mucho apoyo en el Cusco de participar en una elección. Localmente, es interesante la figuración que viene alcanzando el alcalde de Wanchaq, Willy Cusmar del Castillo, quien seguramente será reelecto y podría tentar a algún cargo mayor.
En realidad, el Cusco como economía tiene hoy una dinámica propia: un taxista que lleva turistas puede llevar a su familia dos o tres veces a comer a la calle. Por eso, es posible que la exposición de sus líderes sea más interna que regional y por ello no figuren tanto.


Francisco Roberts
Estudiante de la Universidad Católica San Pablo de Arequipa
Ollanta Humala tiene una forma particular de ingresar a las ciudades del sur andino, que tiene que ver con despertar sentimientos comunes a la población –independientemente de las clases sociales– como el rechazo a lo chileno, por ejemplo. Algo similar ocurre con Hernán Fuentes: es una persona que no sabe qué hacer con el cargo en el que está, pero ese cargo le confiere poder y él se mimetiza muy bien con la realidad de la región.
Respecto de los arequipeños, Juan Manuel Guillén ha despertado muy buenos comentarios por su gestión e influye bastante en la región. Pero me parece curioso el caso de Jorge Rodríguez Banda; en la vida se me habría ocurrido que figurara en una Encuesta como ésta. Habría pensado más en una empresa como Cerro Verde, más directamente ligada al desarrollo de la ciudad. Pero eso no le quita a Gloria la importancia como fuente de trabajo.

SIERRA CENTRAL
Nilton Coz
Director del diario Hoy Regional (edición Huánuco)
El resultado es acertado: aparecen los personajes que, quiérase o no, predominan en esta parte del país. Federico Salas sigue repercutiendo bastante por su cabalgata de hace años, que ha contribuido a mantenerlo posicionado. No le ha restado su vínculo con el gobierno de Fujimori: más se lo recuerda como forjador de la lucha por el desarrollo.
Lo interesante en el caso de Salas es que traspasa Huancavelica: tiene influencia en Junín, Pasco y Huánuco, y crea expectativa en la población, que está pendiente de sus visitas. En cambio, Vladimiro Huaroc ha trascendido sólo a raíz de la regionalización, cuando trató de impulsar la conformación de una macrorregión entre Junín, Pasco y Huánuco. Pero no trasciende tanto más allá de su zona, como sí lo hace Salas.
En el caso de los Humala, ha disminuido su peso en la región en comparación con hace algunos años. Primero calaron los errores de Antauro, y ahora sobre todo la población ha comenzado a ver el manejo de su relación con Hugo Chávez, que –existente o no– ha repercutido en que baje su popularidad.

SELVA
Óscar Olavarría
Director del diario La Región de Iquitos
Alberto Pizango ganó representatividad por el tema de Aidesep, pero eso no tiene que ver mucho con el poder en la selva en general. Él tuvo influencia en el ámbito de los nativos, y si ganó exposición fue por razones circunstanciales. De hecho, el cargo no le confiere poder por sí mismo: la señora que ahora lo reemplaza tendría que estar incluida en tal caso, y no aparece.
En general, Pizango no genera ningún tipo de expectativa de carácter regional, económico o social en la población. Ése es un peso que sí tiene Yván Vásquez desde la presidencia regional en Loreto, como antes lo tuvo Robinson Rivadeneyra: maneja presupuesto por temas de canon y dominios internacionales, además de poseer representación en diferentes municipalidades distritales. Un caso parecido es el de César Villanueva en lo que concierne a San Martín. Ollanta Humala, en cambio, tiene alguna nombradía por las portadas que le han dado algunos de los problemas recientes en la región, pero no es una figura que tenga mayor relevancia en la selva.

Poder externo
Por segundo año consecutivo, Hugo Chávez –ahora con mucho más ventaja relativa sobre Barack Obama que la que tenía sobre George W. Bush– es considerado el extranjero más influyente sobre el país. Brasil, nuevamente, es entendido como el país más poderoso de la región.

Tributos, canon y regalías


Tributos, canon y regalías
Por José de Echave C.Cooperacción
“Seamos optimistas como buenos peruanos”, ha dicho el presidente García en el mensaje del 28 de Julio. Lo cierto es que al margen de voluntades, optimistas o no, la realidad nos muestra que la crisis no solo está bien instalada en nuestra economía, sino que tiende a quedarse por un buen tiempo.
Por ejemplo, si vemos la información de la SUNAT, los Tributos Internos han comenzado a caer: entre enero y abril de este año presentan una contracción de 8.8%, si se compara con el mismo período de 2008, siendo el sector Minería el que registra una mayor caída (ver cuadro).
El problema es que las proyecciones son aun más negativas. Un estudio realizado por CooperAccion, pronostica para este año una contracción de 17.3% en la recaudación total y del 67.3 en el sector de la minería metálica.
El Impuesto a la Renta (que grava las ganancias de la empresas) cayó en lo que va del año en 27.2% para todos los sectores productivos y nada menos que en un 70% para el caso de la minería metálica. Esto significa menores ingresos vía canon: según la información de Economía y Finanzas, el canon distribuido durante 2009 es de S/. 3,640 millones, lo que significa una reducción en términos reales de 18.3% en relación al año pasado. Las proyecciones para el 2010 apuntan a una caída de 68% (S/. 1,193 millones).
Las regalías mineras tampoco se salvan, ya que dependen de dos variables: el número de empresas involucradas (que no son muchas y representan menos del 50% de la producción minera) y el valor de las ventas que realizan, que como se puede deducir está a la baja. Ya el año 2008 las regalías cayeron en un 18% (de S/. 526.5 millones en 2007 a 454.6 millones en 2008) y las proyecciones para este año presentan una contracción de 54.4%.
Para completar el panorama tenemos la situación del “aporte voluntario de las empresas mineras”, compromiso que involucra solo a 38 empresas y que también se viene reduciendo. Ya el año pasado el “aporte voluntario” fue menor en un 11.5% en relación al monto entregado el año 2007. CooperAccion proyecta para el 2009 un aporte de S/. 380 millones, menor en un 23.9% que el año 2008; y para el 2010, S/. 205 millones, lo que representa una nueva contracción de 47.3%. ¿Los motivos que explican esta caída? La cuestionable metodología aplicada por las empresas, que determinó el denominado “precio de referencia”, a partir del cual se producía una situación de sobreganancia. En la actual coyuntura de precios internacionales a la baja, el riesgo que las cotizaciones de los metales se coloquen por debajo de los precios de referencia, aumenta. Además, las empresas que aportan aproximadamente el 50% del aporte voluntario, han reducido sus utilidades netas en un 50.4% en lo que va del año, con relación a similar período de 2008.
Por lo tanto, nuevamente tenemos que lamentarnos de haber desperdiciado una coyuntura excepcional que ha terminado abruptamente. Una mejor distribución de las ganancias extraordinarias de las empresas mineras, hubiese brindado recursos para que el país pueda enfrentar en mejor posición los efectos de la crisis.
El panorama se presenta sombrío para los próximos años y la situación se agudiza más por las (in)decisiones de un gobierno que no reconoce la magnitud de la crisis y tampoco toma las medidas necesarias para enfrentarla.
Este artículo también lo puede leer en http://aeperu.blogspot.com

Nuevo poder corporativo, viejos problemas políticos


Por Francisco Durand, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Texas en San Antonio
Escribir sobre los grandes Grupos de Poder Económico (GPE) en el Perú no toma mucho tiempo. La razón es simple: cada vez quedan menos. La explicación de esta tendencia requiere ponerla previamente en contexto.La economía peruana tiene algunas características permanentes y otras nuevas que se revelan en la composición y peso de su clase empresarial. Sigue siendo, a pesar de los cambios de modelo, una economía dual, con un componente legal y otro no legal o subterráneo (sector informal y delictivo). La base de la pirámide empresarial es la pequeña y mediana empresa, que es fundamentalmente nacional. En la punta, predominan las grandes corporaciones privadas. En ese sentido, poco ha cambiado.Sin embargo, una mirada al interior del vértice nos habla de cambios profundos, al punto que podemos afirmar que existe una nueva clase empresarial. Habiendo sido relegado el gran poder empresarial estatal, las grandes corporaciones privadas que han cobrado importancia son básicamente extranjeras: empresas multinacionales de países desarrollados (principalmente EEUU, España y Canadá) y los GPE de algunos países vecinos (Chile, Brasil en menor medida y Colombia). El peso y presencia de los viejos "Doce Apóstoles", que reinaran como vanguardia del capital nacional junto con el Estado en 1985, se ha reducido considerablemente. Varias crisis, el familismo, la privatización y el shock competitivo son responsables de este ignorado achicamiento.La gran pregunta, entonces, que muchos de los propulsores del modelo de la década pasada evitan hacer, es por qué ha ocurrido este desplazamiento. Yo tengo algunas hipótesis.
Grupos desplazadosEn primer lugar, han ocurrido crisis sucesivas seguidas de períodos breves y poco auspiciosos de desarrollo que han debilitado profundamente al capital nacional (1978, 1984, 1989, 1998). Este es un factor general, con efectos diferenciados difíciles de precisar. En segundo lugar, casi todos los GPE perdieron porque estuvieron operando con economías sobreprotegidas y subsidiadas que fueron eliminadas con el nuevo modelo. A ello se le sumó el shock competitivo que contribuyó a eliminarlos o hacerlos a un lado. En tercer lugar, debe mencionarse que el carácter cerradamente familista de algunos viejos GPE hizo que no pudieran adaptarse al cambio, muriendo como si fueran dinosaurios en la era glacial.
En el caso Nicolini, se mezclaron el segundo y el tercer factor. En el caso Piaggio, fue sobre todo el tercero. En muchos otros GPE, el shock competitivo obligó a que importantes industrias cerraran o se vendieran, reduciéndose el campo de acumulación. En cuarto lugar, la entrada masiva del capital extranjero con gran poder financiero provocó a partir de 1994 una guerra de precios y una política agresiva multinacional de "te quiebro o te compro". Esta ofensiva ocurrió sobre todo en rubros en los que el capital nacional era competitivo y el consumidor nacional no se dejó tentar por nuevas marcas o productos importados. Así ocurrió con el grupo Fierro (tabaco, comprado por BAT), el grupo Bentín (cerveza, comprado por el grupo Bavaria), y en la pérdida de ciertas empresas de algunos grupos (Magia Blanca, del grupo YiChang; D'Onofrio, del grupo Rodríguez). Quinto, y como un efecto más preciso del shock, la entrada masiva del capital extranjero en la banca llevó a un proceso de compras y absorciones de cadenas bancarias nacionales que debilitaron la presencia financiera del capitalista nacional. La entrada se inició con la venta del Banco de Lima (Grupo Olaechea) al Sudameris. Luego, aumentó en la crisis financiera de 1998, coyuntura que debilitó a muchos GPE nacionales grandes y medianos, antiguos y emergentes, especialmente los que tenían brazos financieros. Ese fue el destino del Banco Wiese (grupo Wiese) y el Banco Latino (Grupo Picasso Salinas) que cambiaron de manos. Sucumbieron también los bancos de varios grupos: NBK del grupo Galski, Nuevo Mundo del grupo Levy, ambos judío-peruanos, y el Banco Orión del grupo arequipeño Lucioni. La crisis de 1998 y los problemas fiscales que condujeron a una abrupta parálisis de obras públicas también debilitó considerablemente a los grupos constructores (Picasso, Graña y Montero), aunque han sobrevivido gracias a sus empresas cibernéticas y una cierta expansión en el exterior, indicio de una competitividad limitada.Sexto y último, han ocurrido crisis de sucesión familiar que han debilitado o desangrado a algunos grupos en momentos que enfrentaban una fuerte competencia. Tal fue el caso del grupo Delgado Parker (muy disminuido luego de la guerra de familia por el control de Panamericana) y del grupo minero Arias Dávila (San Ignacio de Morococha).
Los que quedanEste debilitamiento progresivo, causado por los factores arriba anotados, se siente mucho entre los más grandes GPE: los "apóstoles". Y ello ha ocurrido a pesar de que gozaron de alto nivel de acceso al Estado -que organizó costosas políticas de rescate en 1999 y 2000 que evitaron en algunos casos la desaparición total de algunos de ellos (Wiese y Picasso, por ejemplo)-. También tuvieron un respiro de tres años, porque la entrada fuerte del capital extranjero empieza en 1994 y la oportunidad de privatización estuvo presente desde 1990. Estos factores les dieron cierto aliento; aún así el debilitamiento y desplazamiento ha predominado antes que la adaptación o reconversión exitosa y la asociación inteligente y paritaria con el capital extranjero.De los 12 grandes "apóstoles", quedan básicamente cinco. Todos ellos adaptados bien al cambio de políticas (es decir, con reingenierías eficaces), sin enfrentar crisis de sucesión (o resolviéndolas bien), aún ubicados en nichos rentables y con suficiente palanqueo financiero como para seguir operando. De los cinco que quedan, sólo dos realmente merecen el calificativo de grandes: Romero y Brescia. El primero, luego de haber absorbido al grupo Nicolini y al grupo Bunge & Born de Argentina, comanda el gigante agroalimentario Alicorp y lidera el Banco de Crédito del Perú, el primero del país y uno de los 10 más grandes de Sudamérica. Maneja el puerto de Matarani y tiene numerosas empresas en buen pie, aunque vendió sus acciones en Backus y las AFP. Brescia, además de su parte en el BCP, ha entrado con fuerza al campo bancario en el Continental, el banco número dos, asociado al BBVA de España.Se mantiene en minería (Minsur), seguros (Rímac), turismo y otras actividades comerciales e industriales. De éstos, y a pesar de lo que las encuestas digan, no es Dionisio Romero, sino el dúo de los hermanos Brescia Caferatta el que más fuerza tiene.Su amor al silencio y su poca necesidad actual de "mejora de imagen" influyen en la percepción que se tiene de su poder. Los que quedan son, en orden de importancia, Ferreyros y Benavides de la Quintana. El primero es manejado por un hábil gerente, Oscar Espinoza (habiendo, por lo tanto, superado los problemas de sucesión), y que está bien ubicado en el negocio de importación de maquinaria pesada. Junto a él, quizás con un poco más de peso, está Benavides de la Quintana, en el tradicional rubro exportador de plata, revivido gracias a la asociación con Newmont en la fabulosa mina de Yanacocha. No tiene problemas de sucesión, al menos no que se vean. Habría que ver qué ocurre cuando don Alberto, el patriarca, deje el mando. Finalmente está el grupo Raffo, con presencia en la exportación de confecciones (San Cristóbal), aunque habiendo sufrido bastante a partir de 1998 en el rubro de construcción de edificios (LP Holding). La paralización de obras en Camino Real, al lado del centro comercial que construyeron, es un indicio de ello. Ha podido, sin embargo, seguir el mando compartiendo el poder con sobrinos.Ciertamente, otros GPE que no estaban en la lista de grandes "apóstoles" deben ser mencionados. Me refiero a los de origen chino, YiChang y Wong. Ambos son familistas, pero no tienen problemas de sucesión (o ya los han resuelto). YiChang ha logrado incorporar nuevos elementos de la familia Wu. Los descendientes de don Erasmo Wong tienen talento empresarial, base académica y proyección internacional. No debemos olvidar tampoco al gigante Gloria, del grupo Rodríguez, cerrado y familista como ninguno, pero aún sin necesidad de cambios de dirección. Este grupo ha avanzado en el rubro de lácteos, ganando "la guerra de las leches". Además, absorbió la parte papelera al grupo Majluf y ha entrado en cemento (rubro de difícil importación y fácil venta al sur del país) gracias a privatizaciones. Tuvo que vender D'Onofrio y no pudo mantener las empresas eléctricas del norte.Nuevos grupos no hay, al menos no de los grandes. Existen, sin embargo, algunos aspirantes de nota, como es el caso de Añaños, de Kola Real, que ha logrado un 20% del mercado de gaseosas compitiendo con precios bajos y que audazmente ha abierto plantas en el exterior. Pero esta golondrina ayacuchana no anuncia un verano. Lo que sugiere es que el éxito empresarial en el nuevo modelo es más bien excepcional.El gran capital nacional corporativo, que se conglomeró como expresión de su desarrollo empresarial y su gran poder, ha sido debilitado en crisis sucesivas, y ha perdido peso por aferrarse a rentas y tradiciones familiares, porque no resistieron la oferta de compras, o por la competencia. Ahora poseen menos y son menos. Quienes comandan la economía son las grandes multinacionales. La estructura económica, entonces, no sólo ha cambiado por haberse privatizado y concentrado. También se ha desnacionalizado.
Luces y sombrasEl nuevo poder corporativo ha adquirido enorme influencia sobre los medios de comunicación, pero su imagen en la opinión pública se ha debilitado. La mayor influencia en medios se explica en parte porque las corporaciones han invertido en ellos (Bavaria en Canal 4; Graña y Montero en El Comercio). Pero hay otros factores presentes, como la dependencia de inversiones en publicidad. Otro, más preocupante, es que, dado que algunos medios de prensa han alojado más corrupción (corporativa y periodística) en los últimos años que otras instituciones, no le resulta difícil a quien tiene más recursos pagar para evitar noticias negativas y obtener prensa positiva. Hay tres ejemplos claros de estos factores: la manera casi apologética como la mayoría de la prensa trató la polémica de las empresas eléctricas y Barrick alrededor de la exoneración del Impuesto a la Renta; el escándalo Bavaria, centrado en Almeyda más que en la empresa; y la manera como se reporte la "solución" a los casos judiciales pendientes de las empresas norteamericanas, condición para que se apruebe el TLC, será la tercera.

La nueva institucionalidad empresarial (estudios de abogados y asesores tributarios, consultoras, empresas de opinión) que gira en torno a los intereses corporativos ha generado una perspectiva de análisis sobre la economía predominantemente neoliberal.En materia de opinión especializada, cada vez se recurre menos a las universidades y más a los expertos de opinión de esta nueva institucionalidad empresarial.Sin embargo, en materia de opinión pública el poder corporativo comienza a perder influencia visiblemente. El nuevo modelo reina, pero el cuestionamiento social aumenta.Lo demuestra el paro de la CGTP del 14 de julio. El hecho de que no existan encuestas de opinión sobre el poder corporativo, ausencia interesada por cierto, me lleva a pensar que su popularidad es baja y, por lo tanto, impublicable.

Estado y corporaciónRespecto de las relaciones con el Estado, ocurren varios cambios importantes. Desde 1990 a la fecha, ramas claves del Estado en el manejo económico han estado en manos de empresarios o técnicos-empresarios, es decir, personajes muy cercanos o provenientes del círculo de grandes corporaciones. A ello se suma la presencia de gerentes y especialistas de la banca o de las grandes multinacionales como asesores de alto nivel. El principal espacio gubernamental donde se siente esta presencia es el MEF.El hecho de que las campañas se financien más por grandes contribuciones de empresas que operan en el Perú, y que cada vez sean más caras, hace a los políticos muy sensibles a los intereses corporativos. El caso de Toledo lo demuestra. Pasará lo mismo con los próximos candidatos, dependiendo de si aceptan sin ambages y en privado las contribuciones por venir.Sin embargo, hay cambios y contracorrientes a considerar. Desde el 2001, dada la desconcentración del poder político, ha ocurrido una mayor independencia del Poder Judicial en materia de juicios anticorrupción. Por su parte, el Congreso de la República ha organizado diversas comisiones investigadoras de delitos económicos. De uno y otro lado se ha generado una considerable lista de empresarios y técnicos asociados al mundo empresarial envueltos en litigios judiciales. Estos cambios y balanceo de poderes han tomado por sorpresa a los intereses económicos involucrados en investigaciones y habrá que ver cuáles son los resultados. Más generalmente, aunque el nuevo poder corporativo ha tenido capacidad de reacción, en parte gracias a su influencia en los medios, y muestra cierta capacidad de "manejar la incertidumbre", lo que se escapa de su control es su relación con la sociedad civil.En suma, las relaciones entre las corporaciones y el Estado son más cercanas y estables, bastante íntimas. Igual sucede con la prensa. Pero lo que preocupa de la política a los grandes empresarios y gerentes no viene de allí, sino del entorno social. Y eso puede traducirse en cambios bruscos legislativos propuestos por el Congreso y hasta por el ejecutivo el día de mañana.

Las concesiones mineras y los conflictos sociales


Las concesiones mineras y los conflictos

En los últimos conflictos sociales que se han registrado en el país, el tema de las concesiones mineras ha aparecido como uno de los puntos en las demandas de las poblaciones. Ha sido el caso de las movilizaciones en Canchis y Chumbivilcas, en el Cusco; la de Andahuaylas, en Apurímac; y también la de los Awajun-Huampuis, en Bagua, Amazonas.
¿Qué ha estado pasando? Como se puede apreciar en el gráfico, las concesiones mineras han estado creciendo de manera sostenida y acelerada en los últimos años: entre el 2002 y junio 2009, prácticamente se han multiplicado por 2.6.¿El avance de las concesiones es un dato relevante a tomar en cuenta? Sin duda. No se hubiese podido entender lo que pasó en la minería peruana en la década del 90, si no se analizaban –entre otros datos– la evolución de las concesiones. Lo mismo ha ocurrido en la presente década.
La evolución de las concesiones permite identificar las tendencias de una etapa tan importante en la minería como es la exploración. El dato de las concesiones representa el momento en el que las empresas llegan con derechos otorgados por el Estado. Esos derechos comienzan a competir con los títulos de propiedad de las comunidades y es la fase inicial de una relación que, como hemos comprobado, es sumamente compleja.
Otorgar una concesión es un procedimiento tremendamente simple; es un trámite casi automático que se hace en Lima y, por ejemplo, no tiene en cuenta si bajo la concesión hay una población. Además, no hay mecanismo de comunicación con el gobierno local de manera previa al otorgamiento de la concesión, pasando por alto si en el mismo territorio hay un plan de desarrollo previo y un proceso de ordenamiento territorial. Menos aun se coordina o informa a los propietarios individuales o colectivos de los terrenos.
Las comunidades y poblaciones locales cuestionan esta estrategia de hechos consumados, donde primero se entrega la concesión y después habrá que ver cómo se arreglan las partes en disputa. Exigen el derecho que tienen todos de estar oportunamente informados.
Por su parte, las empresas señalan que la relación entre concesión minera y actividad efectivamente desarrollada es mínima. Algunos hablan que, de 100 proyectos de exploración, solamente uno termina en mina. Por supuesto, se deben manejar los datos con responsabilidad: si bien no se puede afirmar que los 19 millones de hectáreas de derechos mineros vigentes otorgados se vayan a convertir en una gran mina, también es cierto que las empresas no esperan que los proyectos maduren para, por ejemplo, adquirir tierras y modificar el panorama previo de propiedad y acceso a recursos. En muchos casos lo hacen desde un inicio: allí está como ejemplo lo ocurrido en un inicio en la zona de influencia de Yanacocha; también en La Granja y las consecuencias de las adquisiciones de tierras y reubicaciones efectuadas por el primer dueño del proyecto; el caso de Espinar en el Cusco y muchos otros. Así el proyecto no llegue a la etapa de mina, el impacto puede ser importante y debe ser manejado adecuadamente.
No se trata de crear pánico, sino de informar Es conveniente para el Estado, las empresas, las poblaciones y sus autoridades, que se acceda de manera oportuna a toda la información disponible. ¿Por qué no mejorar el actual procedimiento? Nadie debería inquietarse por ello y seguramente las relaciones en las zonas de influencia de actividades mineras y de hidrocarburos mejorarían.
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Reflexiones sobre el poder de la ley en una democracia incipiente

A MIS COMPAÑEROS DE CIENCIA POLITICA LES ENVIO ESTE ARTICULO DE
Gonzalo Zegarra, Editor de Semana Económica

El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española recoge al menos siete posibles significados de la palabra “poder” sólo como sustantivo y otros tantos para el verbo poder (yo puedo, tú puedes, etcétera). El poder puede ser “Fuerza, vigor, capacidad, posibilidad, poderío”; donde poderío, a su vez, es definido como “facultad de hacer o impedir una cosa” o puede, en su función verbal, significar “tener expedita la facultad, o potencia de hacer una cosa”. La palabra admite, además, significados como “gobierno de un país”, o “fuerzas de un Estado, en especial, las militares” o “posesión actual o tenencia de una cosa”, entre otros. Si, además, tomamos en cuenta que cada una de esas definiciones es percibida, en su concreción, de manera distinta y subjetiva por cada uno de los individuos según sus muy diversas percepciones de la realidad circundante, “poder” puede expresar casi infinitas ideas diferentes.
La Encuesta del Poder de 1995 definía “poder” como la “capacidad para influir en el curso de los acontecimientos”, y los encuestados la respondieron partiendo de esa premisa. Sin embargo, desde entonces se ha omitido ese recurso; y la consecuencia, me da la impresión, es que en los resultados de la encuesta de este año se mezclan distintas ideas o percepciones de poder.
Lo cierto es que el poder –como el lenguaje mismo– es a veces ambiguo y a veces equívoco; tiene diversas manifestaciones y se ejerce en diversos planos. Desde luego, no me refiero únicamente a que una cosa, es el poder político y otra cosa el poder económico, o el poder espiritual, sino a que el poder es relacional, como sostiene Michel Foucault (a quien cito sin entusiasmo, ya que no comparto la mayoría de sus “posmodernos” relativismos). En esta visión, pues, el poder, como el lenguaje según la teoría de Noam Chomsky, es un tejido de relaciones –de relaciones sociales en el caso del poder, de relaciones conceptuales en el lenguaje– con diversos y dispersos (pero vinculados a través del tejido) centros de gravitación.
Con esto no quiero más que poner de relieve cuán contingente, cuán incompleta terminará siendo necesariamente toda representación de algo tan abstracto –sobre todo en el mundo actual– como el poder.
Democracia y partidos políticosPoder, hoy, en el Perú, es más que mera autoridad formalmente legal. Sin embargo, no ha dejado completamente de ser fuerza bruta, como lo era en el primitivo mundo antediluviano, anterior al mítico contrato por el cual el individuo “en estado salvaje” supuestamente delegó todas sus libertades al todopoderoso monstruo “del orden” que es el Estado, según la teoría de Thomas Hobbes.
El poder en el Perú actual no es del todo formal, ni del todo brutal, en parte porque esa teoría del contrato social –medio hobbeseana, medio rousseauneana– explica deficientemente la verdadera naturaleza del Estado democrático moderno, que es más fiduciario que contractual (distinción ésta que hacía el famoso juez norteamericano Benjamin Nathan Cardozo para distinguir los deberes de lealtad/confianza de los deberes obligacionales/contractuales en las relaciones de Derecho privado, pero que bien se puede aplicar a la esfera pública). Que haya confianza, es decir, una relación fiduciaria –sustentada en valores comunes– entre los ciudadanos que conforman una sociedad democrática, y entre ellos y quienes ejercen el poder, ha sido fundamental para el éxito de ese sistema de gobierno, como observó con acierto Alexis de Tocqueville en los albores de la era contemporánea, y más recientemente Francis Fukuyama en su libro Trust (a quien cito sin adherir ni su hegelianismo –“el fin de la historia”– ni su identificación con el conservadurismo norteamericano). Pero no es mi intención pergeñar en estas breves líneas ninguna suerte de “filosofía del poder” (nombre con el que, tal vez algo pretenciosamente, subtitulé el Seminario de Teoría Legal que dicto en la Pontificia Universidad Católica del Perú), sino tratar de entender lo mal que funciona en nuestro país –desde su génesis– esa estructura política constitutiva del Estado (moderno) que es el sistema democrático, y cómo eso se traduce en los resultados de nuestra encuesta del poder.
Y es que una sana democracia (moderna) no consiste (solamente) en que haya elecciones para elegir autoridades cada cierto tiempo, sino fundamentalmente en que se observe una efectiva sumisión de (todos) los miembros de la sociedad (sin excepción) al Imperio de la Ley o Estado de Derecho (conceptos ambos que bien traducen, según las circunstancias, la idea anglosajona de rule of law).
Así, pues, en términos de la consecución de ese estándar tipificante de una democracia saludable, hay muchas cosas que los resultados de esta encuesta del poder –y sus antecedentes– nos dicen, ya sea expresamente, o por implicación.
Tal vez la más fácil de identificar es el escaso poder que se atribuye a los partidos políticos, ninguno de los cuales es considerado entre las instituciones más eficientes, algo que sí ocurría en la década de los ochenta. Desde luego, esto pone de relieve no sólo que el “partido de gobierno” –Perú Posible– está lejos de ser efectivamente un partido (y las causas pueden ser diversas; a saber, falta de ideología, de cuadros, de organización interna, de plan de desarrollo más allá del mandato presidencial actual); sino, además, que en términos generales los partidos políticos no articulan el escenario político nacional, lo cual, desde luego, es preocupante porque cualquier democracia requiere de partidos –pocos y fuertes– para asegurar la institucionalidad, la alternancia en el poder y el pluralismo, entre otros fundamentos del Estado de Derecho. El no partido –la ausencia de partidos–, al igual que el “partido único” es el perfecto caldo de cultivo, tanto para el autoritarismo, como para la anarquía (dos posibles consecuencias, antagónicas pero igualmente indeseables, de la falta de institucionalidad). No pensemos, desde luego, en la fragilidad tradicional de la democracia, que desemboca en el más burdo militarismo. No olvidemos que la historia no deja de reinventarse (¿no lo demuestra claramente el fujimorismo?). Podríamos comenzar por preocuparnos por el “movimiento etnocacerista” (sic) liderado por los hermanos Humala, el cual, según la última encuesta de opinión de APOYO Opinión y Mercado, es conocido por poco más de la mitad de la población, y aprobado por alrededor del 30%. Teniendo en cuenta sus antecedentes, y su retórica (ver el periódico Ollanta), cualquier cosa que esté detrás de este movimiento es una amenaza para la democracia peruana, para los derechos individuales y para el desarrollo económico del país. En una democracia con sólidos y verdaderamente representativos partidos políticos, un fenómeno como éste, ¿sería acaso siquiera concebible?
Separación de poderesOtra cosa que la encuesta del poder nos pone de manifiesto es la arraigada, difundida, absoluta convicción de que los jueces –intérpretes y aplicadores reales de la ley en cualquier democracia civilizada– tienen en el Perú escaso o ningún poder. Ello se evidencia no sólo en el hecho de que no aparezca ningún juez entre los 10 primeros lugares de la encuesta, sino en que, peor aun, ningún juez ha aparecido nunca entre los 10 peruanos más poderosos. Es más, a lo largo de toda la historia de la Encuesta del Poder, sólo una vez un juez –un presidente de la Corte Suprema; Luis Serpa Segura, en 1994– apareció entre los primeros 30, en el puesto 25. De hecho, en la distribución sectorial del poder nunca ha aparecido ningún juez entre los abogados más poderosos (categoría que la encuesta mide recién desde el año 2000) y ni siquiera entre los tecnócratas ni los funcionarios públicos (categorías que se miden desde 1988 y 1997, respectivamente).
Nótese que incluso el vocal Alejandro Rodríguez Medrano, de quien se decía –en el auge de fujimontesinismo– que era omnipotente en el Poder Judicial, nunca apareció en la encuesta. Y las veces en que apareció la ex fiscal de la Nación, Blanca Nélida Colán (quien sin ser juez, representaba a una institución fundamental del sistema de justicia como es el Ministerio Público) lo hizo siempre en puestos superiores al 15, o –en el poder sectorial– entre los funcionarios públicos, pero nunca en el primer lugar. Cabe anotar, casi a modo de anécdota, que en 1997 apareció en el puesto 23 José Dellepiane, a la sazón presidente del Consejo Ejecutivo del Poder Judicial; que Jorge Santistevan apareció en la encuesta cuatro veces (1997, 1998, 1999 y 2000), durante el ejercicio de su mandato como Defensor del Pueblo (en los puestos 20, 18, 17 y 8, respectivamente) y que en 1982 ocupó el lugar 19 el entonces fiscal de la Nación, Gonzalo Ortiz de Zevallos Roedel. Pero la figuración de la Colán fue sin duda producto de su cercanía con Montesinos (quien era entonces el segundo más poderoso), y lo mismo podría decirse probablemente de Serpa Segura. Por su parte, Dellepiane no era juez, sino que ejercía –al menos oficialmente– funciones meramente administrativas, y la aparición de Ortiz de Zevallos acaso se explique por el protagonismo inicial que cobró el Ministerio Público en sus primeros años de funcionamiento, antes de que adquiriera todos los defectos (incluida la falta de independencia) que tradicionalmente se le atribuyen al resto del sistema de justicia peruano. Lo cierto, en todo caso, es que ninguna de estas apariciones refuta el hecho evidente de que en el Perú no existe conciencia de que los jueces –y, por tanto, de alguna manera, la ley–, tengan un poder significativo; esto es, el que le correspondería en un país con valores democráticos afianzados.
En efecto, lo que fluye de todo lo anterior es que la separación de poderes –sustento del sistema de pesos y contrapesos o checks and balances que es quintaesencial a la democracia– es incipiente, por decir lo menos, en el Perú. Baste para confirmar esta idea con mencionar que el hoy presidente del Tribunal Constitucional (institución independiente del Poder Judicial, pero que forma parte del sistema de adjudicación de justicia) Javier Alva Orlandini aparece este año en la encuesta del poder en un muy rezagado puesto 50, a pesar de que en la década de los ochenta, cuando formó parte del Poder Legislativo, y sobre todo del Ejecutivo, obtuvo puestos en las primeras dos decenas, alcanzando incluso el segundo lugar en 1983 y 1984. A esto hay que sumarle el reiterado lugar preferencial que, ahí sí, ha ocupado siempre el Poder Judicial entre las instituciones más ineficientes en casi todas las encuestas del poder. Pero, sobre todo, llama la atención que en ninguna de las ediciones de la encuesta el Poder Judicial haya aparecido entre las instituciones más influyentes del país, en donde sí han aparecido bancos, medios de comunicación, universidades y gremios, amén de dependencias públicas diversas, todas ellas de menor jerarquía constitucional que la judicatura.
Por otra parte, hoy vemos que por tercer año consecutivo el presidente del Congreso de la República ocupa el quinto lugar entre los más poderosos. Esto puede ser parte de una tendencia saludable, pero reciente (ya que no era frecuente en los años ochenta y empezó a serlo sólo en los noventa), que sin embargo refuta definitivamente –al menos desde una perspectiva sociológica– la alegación de que el Legislativo es el primer poder del Estado, defendida históricamente en nuestro país por Víctor Raúl Haya de la Torre.Y es que aunque esta tendencia puede estar poniendo de manifiesto que hay cada vez mayor conciencia de la división de poderes, y del papel que efectivamente debe cumplir el Poder Legislativo en la democracia, ciertamente refleja también consecuencias meramente coyunturales del acontecer político actual.
En efecto, parece claro –por ejemplo– que a pesar de que, en términos agregados, el Congreso actual es uno de los menos preparados y capacitados –si no el más– de nuestra historia reciente (y acaso de toda nuestra historia republicana) este parlamento es también inusualmente poderoso. Y lo es, no sólo porque los congresos unicamerales son más poderosos que los bicamerales (porque, a diferencia de lo que muchos piensan, desde una sola cámara es más fácil tanto obedecer ciegamente como obstruir al Ejecutivo), ni porque en la actual conformación del Legislativo el partido de gobierno no tenga mayoría (de manera que la voz de la oposición cobra mayor fuerza, y es identificada con el Congreso como institución) sino también porque los otros poderes del Estado (los constitucionales y los poderes de hecho) están sumamente desprestigiados, luego del desgaste que supuso el “destape” de la extendida corrupción que hizo metástasis en el Estado fujimorista.
La ciudadanía ha tenido más facilidad para discernir la diferencia entre los congresistas “tránsfugas” y el parlamento como institución, que la diferencia entre los oficiales y el Ejército, los magistrados y el Poder Judicial, el Jurado Nacional de Elecciones y el Tribunal Constitucional; y los ministros y demás funcionarios públicos y el Poder Ejecutivo; y hasta los prelados y la Iglesia, ámbitos todos ellos en los que –realmente o según los imaginarios colectivos de origen mediático– penetró profundamente la corrupción del ex asesor Vladimiro Montesinos. Como consecuencia de esto, la imagen pública del Congreso estaba menos deteriorada que la de las demás instancias de toma de decisiones, lo que dio a los congresistas que supieron capitalizar ese hecho una ventaja relativa frente a políticos y personajes públicos que intervinieron en otros estratos. Ejemplo de lo anterior es el desmesurado poder –si se le compara con el número de votos que obtuvo en las elecciones– que viene ejerciendo el congresista Javier Diez Canseco a la hora de fijar la agenda política, a la cual introduce con facilidad sus innumerables denuncias sobre supuestas irregularidades en todos los procesos que tienen que ver con la liberalización de la economía peruana. Ese poder, desde luego, se ha reflejado en la encuesta, en la que obtiene el lugar 18.
Sin embargo, en los últimos meses el Congreso ha hecho suficientes “méritos” como para remontar esa ventaja relativa, de manera que ha vuelto a ser percibido, en la Encuesta del Poder y en las demás encuestas, como una institución harto ineficiente (en la Encuesta del Poder ocupa el segundo lugar entre las ineficientes, después del Poder Judicial). Aunque en su seno han abundado las iniciativas populistas, destinadas a acabar con toda sensatez económica, que son, además, populares, ni siquiera de esa forma el Congreso se ha librado de una mala imagen a nivel popular, ni a nivel de líderes de opinión. Ello se debe, principalmente, a los excesivos sueldos que –en tiempos de generalizados reclamos de austeridad fiscal– los propios congresistas (como sólo unos pocos privilegiados en el mundo pueden hacerlo) se han fijado, los cuales evidentemente no guardan proporción alguna con sus capacidades ni calificaciones, ni mucho menos con la calidad de su labor parlamentaria. Baste para graficar lo anterior con recordar el irresponsable comportamiento de los parlamentarios en momentos críticos, como la frustrada elección del Defensor del Pueblo, o la aprobación de la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales, circunstancia en la cual el presidente del Congreso tuvo que convocarlos, fallidamente, a través de una emisora radial para que concurrieran a votar. Ello para no abundar en anécdotas como la propuesta de “derogar la ley de la oferta y la demanda” de un iluminado congresista, sólo comparable a la leyenda de aquel general velasquista que quiso derogar la ley de la gravedad.
El poder en el PerúY todo esto, ¿qué demuestra? Pues, la escasa institucionalidad democrática que caracteriza al Perú. ¿Cómo podría el ciudadano de a pie –común y corriente– sentirse garantizado por la ley y confiar en ella, tener fe en el Derecho y en su propia libertad, en un país donde los magistrados, que están ahí para hacer valer esa ley, ese Derecho, y los derechos subjetivos de ese ciudadano, son percibidos como inocuos, por no tener poder efectivo, a más de corruptos e ineficientes?
Quise averiguar cuán distinta sería esa percepción en una sociedad altamente juridificada como Estados Unidos. Grande fue mi sorpresa cuando no pude hallar a través de Internet, ni siquiera en los sites de las más famosas empresas encuestadoras, algo parecido a la Encuesta del Poder. Encontré rankings de poder sectoriales (sobre todo vinculados al deporte y el entretenimiento) pero nada sobre poder político, o poder en general. Consulté con los especialistas, y Alfredo Torres tampoco tenía noticia de un equivalente norteamericano de la Encuesta del Poder. Esto me hizo pensar que tal vez en Estados Unidos sea tan evidente la identificación entre poder formal –el que emana del Derecho– y poder real –el que se sustenta en la fuerza– que sociológicamente no tenga sentido realizar tal encuesta, porque sus resultados serían totalmente predecibles con sólo mirar la estructura formal del Estado. En cualquier caso, estoy seguro de que si en Estados Unidos se hiciera la encuesta del poder, el chief justice rehnquist, quien encabeza la judicatura norteamericana, y probablemente varios de los otros ocho miembros de la Corte Suprema –si es que no todos– estarían en la lista de los primeros 20 más poderosos de ese país.
Ello porque en un verdadero Estado de Derecho el poder de la ley se refleja en el poder del sistema de justicia, al que se encomienda su aplicación.
En nuestra realidad, no obstante, existe una disociación entre el poder formal y el poder real, que de alguna manera expresa el poco poder de la ley en nuestro país. El poder de facto, basado en la pura fuerza, es, sin embargo, difícil de aprehender, y de comprender.Pero existe sin duda, y lo vemos. Si bien Nílver López, el inefable maestro de escuela que es líder del Sutep (y que para sorpresa de todo el mundo, resultó no representar el ala más radical de ese gremio) aparece en un impublicable puesto 43 en la Encuesta del Poder, lo cierto es que las manifestaciones públicas han demostrado tener la fuerza suficiente –en los hechos– como para lograr, aun sin representación constitucional ni legal, que sus reclamos se conviertan en decisión política. Y esa efectividad ha sido directamente proporcional a la violencia utilizada.
Y no es que la Encuesta del Poder sea incapaz de reflejar el poder extralegal. De hecho, por más de una década la encuesta dio testimonio del aberrante y criminal poder de Sendero Luminoso, al considerar a Abimael Guzmán entre los peruanos más poderosos (llegó a alcanzar el tercer puesto). Acaso la Encuesta del Poder no refleja el poder oculto del vandalismo simplemente porque éste no se puede identificar ni individualizar en una sola cara (a diferencia del poder del terrorismo de los ochenta). Pero eso no quiere decir que no exista ese brutal poder colectivo de los grupos de interés –que no son ni “las masas”, ni “el pueblo”– que al estilo de Fuenteovejuna (todos a una) se refugia en la impunidad del montón para perpetrar vandálicos actos que vulneran específicos derechos de individuos de la calle, como se vio en el “arequipazo” del 2002 (que en la práctica ha suspendido todo el proceso de privatizaciones) y en los bloqueos de carreteras de transportistas y agricultores, que a pesar de ser delitos tipificados penalmente fueron increíblemente tolerados por el gobierno, y hasta premiados, en el primer caso, con inauditas concesiones de privilegios como la "franja mínima de precios” de los fletes.
Aunque formalmente –legalmente– “no se podía” hacer lo que cada uno de esos grupos perpetró, ellos lo hicieron no sólo impunemente, sino con éxito. Y cuando digo que no se podía, me refiero tanto al fondo como a la forma de sus reclamos. En cuanto al fondo, por ejemplo, los transportistas no podían exigir sustraerse de la libre competencia porque la Constitución lo prohíbe. Y en cuanto a la forma, porque destruir la propiedad pública y privada, y bloquear caminos, vulnera derechos de otros ciudadanos protegidos por la Constitución y la ley que, según sus propios textos, se protegen en igualdad de condiciones para todos; esto es, bajo el principio de igualdad ante la ley.
El ¿poder? de la leySin embargo, tolerados estos excesos, y desprotegidos en la práctica aquellos individuos que fueron sus víctimas, quedó claro que la tal igualdad ante la ley resultó ineficaz, porque no se aplicó en el caso de estos manifestantes, quienes se libraron así de su cumplimento, representando –por enésima vez– la vieja liturgia de esa categoría que en el Perú es casi un sacramento: el privilegio o la inmunidad ante la ley, la capacidad de exceptuarse de su cumplimiento.
Eso, y no otra cosa, es lo que han hecho las diversas oligarquías que han gobernado nuestro país. Por ello es que la legalidad está tan desacreditada. Y lo han hecho, incluso, a través de la ley, o sea, promulgando a su favor leyes que pretendían legitimar sus privilegios, pero que al hacerlo, violaban, precisamente el principio constitucional de igualdad ante la ley, con lo cual, aunque teóricamente legales, siempre fueron espurios (e inconstitucionales desde que hubo constituciones que consagraban ese principio). No en vano Henri Lepage define el concepto jurídico de “norma” (o ley) en oposición al de “privilegio”. Y es que la norma o ley está para reconocer derechos iguales para todos. Una ley que consagra un privilegio es un aberrante oxímoron.
Ello ha generado una cultura en la que la máxima aspiración de quienes buscan tener poder, es poner las leyes a su servicio. ¿No es acaso una muestra irrefutable de poder en el Perú el alardear de no cumplir las engorrosas leyes que sí cumplen el común de los mortales? ¿No es eso lo primero que hacen quienes adquieren poder, y de inmediato dejan de pagar peajes, obedecer los semáforos, hacer las colas, cuando no de pagar impuestos? ¿No es el poder entendido como fuente de rentas, u otros beneficios –crematísticos o laborales– lo que explica la actitud chantajista abusiva, mezquina del arquetípico burócrata peruano que ejerce su pequeño poder desde una ventanilla o un escritorio de ministerio?
Nada, pues, distingue las motivaciones de los vándalos manifestantes en busca de prebendas, de las de los congresistas y funcionarios corruptos que utilizan un poder que debería estar al servicio del ciudadano para ponerlo al servicio de sus intereses privados: ambos buscan el privilegio.
Esa, acaso la tara más despreciable de nuestra cultura política, se resume en la frase que la historia atribuye (ignoro si justificadamente o no) al mariscal Óscar R. Benavides: “A mis amigos todo, a mis enemigos, la ley”. La ley en el Perú es algo tan oneroso de cumplir, y tan poco deseable, que se reserva a los enemigos. Los amigos deben poder encontrar la forma de sustraerse de su obligatoriedad. Con lo cual, pues, la igualdad ante la ley –que la Constitución consagra, y que es fundamento del Estado de Derecho o rule of law– carece de todo asidero en el Perú.
Esto nos lleva a la triste constatación de que, históricamente, el poder en el Perú ha estado al servicio de intereses ajenos al cumplimiento de valores democráticos fundamentales como el Estado de Derecho, y la igualdad ante la ley. Por desgracia, y aunque algo hemos avanzado en términos de institucionalidad democrática (nótese como ya no aparecen militares en los primeros puestos de la Encuesta del Poder, a diferencia de sus primeras ediciones), vivimos todavía un epígono de esa lamentable tradición y, en consecuencia, nos mantenemos oscilando en el ominoso péndulo autoritarismo/desgobierno, cuyos extremos equidistan de la verdadera democracia, ya que ambos permiten que los derechos fundamentales del ciudadano sean violados impunemente.
En el Perú, pues, el poder sigue buscando privilegiar a unos pocos. Y, en el mundo, la democracia existe precisamente para limitar ese poder, hambriento siempre de extenderse. Por ello, la relación entre democracia y poder es paradójica, casi contradictoria. Tal vez eso es lo que hace que definamos o califiquemos a la democracia casi siempre en negativo, al punto que el mejor piropo que la democracia ha recibido a lo largo de la historia es el que le lanzó Winston Churchill al calificarla como el “peor de los sistemas políticos, excepto por todos los demás”.
ConclusiónPero ¿cómo alejarnos del “mayor de los males” que define nuestra tradición política, y acercarnos a ese “mal menor” que es la institucionalidad democrática? ¿Cómo lograr un verdadero Estado de Derecho, un efectivo Imperio de la Ley ante un panorama tan desalentador? La respuesta, en teoría, parece sencilla, en la práctica resulta difícil de implementar: con pocas leyes, que se cumplan en condiciones de igualdad para todos, sin leyes que consagren privilegios y sin tolerancia hacia las formas ilegales de presión política que vulneran o ponen en peligro la vida, la integridad, la propiedad y la libertad de los ciudadanos comunes y corrientes (transeúntes). Con derechos individuales –pocos e inalienables– garantizados para todos: ricos y pobres, cholos, chinos, blancos y negros, amigos o enemigos del gobierno. Desterrando la retórica de las leyes, eliminando normas que consagran derechos que filosóficamente no existen y que en la práctica son imposibles de exigir. Con un Estado pequeño pero eficaz, que cumpla y haga cumplir la ley: a todos, comenzando por sus propios representantes.

domingo, 16 de agosto de 2009

La desconocida vida de “José”, el cabecilla terrorista del VRAE



Celebró su cumpleaños con ataque a la base policial de San José de Secce. La República obtuvo documentos exclusivos sobre el pasado de Víctor Quispe Palomino, el terrorista más buscado por la policía.Ángel Páez (*) Elías Navarro.Las claves de un hombre están en su pasado. En el caso de Víctor Quispe Palomino, “camarada José”, jefe de la agrupación senderista que opera en el Valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE), se conoce muy poco de su vida anterior a su integración a la organización maoísta. Pero solo hasta hoy. Este hombre que se autoproclama sucesor de Abimael Guzmán Reinoso, pero que al mismo tiempo despotrica de él y lo llama traidor, también lo imita: el ataque a la base policial de San José de Secce, en el que murieron tres policías, dos civiles y al menos cinco senderistas, no fue otra cosa que un ritual terrorista por el onomástico de Víctor Quispe Palomino. Como Guzmán, “José” festeja su natalicio con ataques y asesinatos.De acuerdo con su partida de nacimiento, el hijo de Martín Quispe Mendoza, de 32 años, en aquella época, e Irene Palomino Altamirano, de 22 años, llegó al mundo el 1º de agosto de 1960. Así consta en este y otros documentos originales obtenidos por La República. Y no nació en un pueblo cualquiera, sino en uno lleno de simbolismo: Chuschi, distrito de la provincia de Cangallo, donde Abimael Guzmán dio inicio a la lucha armada el 17 de mayo de 1980. Irene Palomino dio a luz en su propia casa, en la calle Quispillaccta. Sin embargo, sus padres eran naturales del poblado de Umaru, de la jurisdicción distrital de Vischongo, provincia ayacuchana de Vilcashuamán. Umaru también tiene un fuerte simbolismo entre los senderistas.Fuentes de inteligencia antiterrorista indicaron que cuando Guzmán inició la lucha armada, uno de los integrantes del primer contingente era Martín Quispe, padre de Víctor Quispe Palomino. En los primeros años de guerra, Abimael Guzmán decidió convertir la comunidad de Umaru en la semilla de la utópica “República Popular Democrática del Perú”, del mismo modo que hizo Mao Zedong durante la Larga Marcha en la provincia de Yenán. Al mando de Umaru estaba Martín Quispe, padre del “camarada José”. Martín Quispe entregaría a sus hijos Víctor, Jorge e Iván a las “escuelas populares” para que se formen como militantes senderistas. Solo Víctor y Jorge siguen juntos en el VRAE.Tras sus pasosPero antes de la lucha armada, Víctor Quispe Palomino siguió estudios normales de primaria y secundaria. Fue un alumno muy mediocre de acuerdo con sus certificados de estudios. El primero de secundaria lo realizó en la Gran Unidad Escolar Mariscal Cáceres, de Huamanga, en 1972. Su ponderado es de 11.3. De las nueve asignaturas, aprobó seis con 11 y tres con 12, siendo estas: religión, educación física y geografía.El segundo de secundaria lo cumplió en otro legendario semillero de senderistas: el Colegio de Aplicación Guaman Poma, perteneciente a la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho. Mejoró, pero no en las materias más exigentes e importantes. Obtuvo un 15 en religión, 14 en inglés y 13 en historia del Perú y educación artística. Alcanzó el promedio de 12.3. Al año siguiente sufrió un bajón.De las 10 asignaturas que tomó en la misma escuela, seis aprobó con 11, dos con 12, una con 13 y una con 14. Su promedio fue un pésimo 11.7. Toda la secundaria mantuvo el mismo ritmo. Estaba muy lejos de ser un estudiante aprovechado, mucho menos ejemplar. El certificado de cuarto año de secundaria confirma que el adolescente Víctor Quispe Palomino no pasaba de la línea de mediocridad. De las 12 materias que le tocó, la mayor nota, 14, corresponde a educación física. Esta vez desaparecieron los 11, pero su promedio anual fue de 12.4. Algo es algo.En quinto de secundaria no cambió demasiado. Por el contrario, bajó. Lo máximo que obtuvo fue un 13. Cursó 13 asignaturas, cosechando un promedio anual de 12. Con las justas, como se dice. Acabó en 1976.En la Universidad de HuamangaNo obstante su pobre desempeño en la secundaria, a Víctor Quispe Palomino no le resultó difícil ingresar a la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. Entre abril de 1977 y diciembre de 1979 estudió Antropología. De las seis asignaturas que tomó, solo obtuvo una nota “B” (entre 14 y 16) en quechua, que es la lengua de sus padres. En las otras cinco se ganó una “C” (entre 11 y 13). En el segundo ciclo, de las seis asignaturas en cinco se ganó una “C” y desaprobó Ciencias Sociales II con una “D” (entre 10 y 06). Y pasó con bajas notas las seis materias del tercer ciclo. En todas cosechó una “C”. El cuarto ciclo fue peor. Tomó nueve cursos, desaprobó siete con “E” y solo pasó con una “C”: Quechua y Ciencias Sociales II, que lo había repetido. El registro de sus notas cerró el 17 de diciembre de 1979, exactamente cinco meses antes del ataque a Chuschi, la localidad donde había nacido, dándose inicio a la lucha armada senderista que desató el vértigo de la guerra interna que asoló el país. Víctor Quispe Palomino no retornó a la universidad. Se unió a la lucha armada con su padre y sus hermanos. Fuentes de la Policía Antiterrorista tienen consignado en sus registros que “José” ingresó oficialmente al Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso en 1982, a los 22 años, luego de un periodo como “pionero” en las “escuelas populares”.El 7 de agosto de 1982 acompañó a su padre, Martín Quispe, en el ataque y copamiento de la comunidad de Umaru, justo cuando la población se preparaba para festejar a su patrono San Antonio de Padua. Poco después, Víctor Quispe intervino en el ataque al puesto de la policía de Vilcashuamán, provincia de Cangallo. Pero el verdadero bautizo de sangre se produjo el 3 de abril de 1983, cuando fue parte de la masacre de 69 campesinos de Lucanamarca, crimen masivo autorizado por el propio Abimael Guzmán. Víctor Quispe fue identificado por la policía como uno de los agresores. La jefatura terrorista lo premió asignándole la condición de “mando militar”. Sin embargo, ese mismo año su padre, Martín Quispe, cayó en un enfrentamiento.Su nombre es consignado en el asesinato de siete campesinos en Carhuanca, en marzo de 1983; en el enfrentamiento con la policía en Sacsamarca, en mayo del mismo año; en el asalto a los puestos policiales de Cabana, Andamarca y Anucará, en octubre de 1983; y en julio de 1984, condujo la toma del puesto policial de Huancasancos. El 4 de abril de 1985 fue detenido por primera vez y liberado por falta de pruebas. Tenía vinculación directa con la cúpula, a la que tuvo acceso por su amistad con Margie Clavo Peralta, quien a su vez la relacionó con Augusta La Torre Carrasco, “camarada Norah”, esposa de Abimael Guzmán.La familia de Quispe era dueña de una chacra en la localidad de Selva de Oro, distrito de Río Tambo, en la provincia de Satipo, zona perteneciente al VRAE. Allí Martín Quispe entrenaba a sus hijos Víctor, Jorge e Iván. Desde esa época, “José” conoce el VRAE como la palma de su mano, una de las grandes ventajas para evadir a las fuerzas de seguridad.(*) Contribuyeron en este reportaje los estudiantes del Taller de Periodismo de Investigación de la Universidad de Ciencias Aplicadas (UPC) Andrea Fonts, Luisa Jabiles y Tania Misagel.

NO AL RETROCESO DE LA POLÍTICA DE EDUCACIÓN INTERCULTURAL BILINGÜE

“Desde el gobierno de Sagasti venimos arrastrando recortes presupuestales a la Política de EIB, que tiene impacto directo en la formación y ...