sábado, 22 de diciembre de 2007

El Origen de Colina




“Quien manda en las Fuerzas Armadas es el Presidente y yo mando con decisión. Aquí no hay debilidades”.

Los recientes interrogatorios televisados a Alberto Fujimori se han convertido en la comidilla de espectadores y radioescuchas. El lunes 17, al oír las declaraciones del ex Presidente por la radio, un taxista comentó: “El Chino miente todo el tiempo. Mintió desde el Bacalao”. Difícil engañar a la opinión pública que recuerda hechos que parecen olvidados, como aquel incidente ocurrido en la Semana Santa de 1990, en plena campaña electoral, cuando Fujimori fingió que se había intoxicado con bacalao, justo el día en que debía exponer su programa de gobierno.

Recuerdos como aquél abundan en los 10 años que duró el fujimorato y, como se ve, la opinión pública no olvida tan fácilmente. Fujimori, sin embargo, insiste en los interrogatorios a los que es sometido en la Diroes que era un Presidente que no ordenaba, que los militares actuaban por su cuenta y que Vladimiro Montesinos no era su asesor personal, sino “uno más”.

Su estrategia de defensa, dibujada ya en el alegato que presentó ante la Corte Suprema de Chile, apunta a endosarle las atrocidades de Barrios Altos y La Cantuta al Grupo Colina y al Ejército propiamente dicho.

“He sido jefe supremo de las Fuerzas Armadas a nivel de mando, no de Comando”, declaró el viernes 14. Fujimori, por supuesto, olvida sus propias palabras. El 8 de mayo de 1993, tres días después de que el general EP Rodolfo Robles, Nº 3 del Ejército, denunciara la existencia del Grupo Colina y su vinculación con los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, en noviembre de 1991 y julio de 1992, declaró lo siguiente en una entrevista con RPP: “Manifestaciones como la del general Robles y la del general (Jaime) Salinas son de un pequeño grupo que ha tratado de retomar el poder militar para estar por encima del poder político. Lo que está ocurriendo ahora es que el poder político está por encima del poder militar. Quien manda en las Fuerzas Armadas es el Presidente de la República y yo lo mando con decisión. Aquí no hay debilidades de ninguna especie”.

Ese era Fujimori, el del autogolpe del 5 de abril de 1992, el mismo que se puso ‘Chinochet’ en honor al dictador chileno. La gente no lo olvida.

La estrategia de la Fiscalía apunta a relucir estas contradicciones y se ha obtenido ya ciertos resultados. El miércoles 12, por ejemplo, Fujimori negó que haya conocido de la existencia de Colina. Sin embargo, dos días después, admitió que –en 1993– Montesinos sí le informó sobre la presencia de un escuadrón de aniquilamiento implicado en los sucesos de La Cantuta.

Ahora bien, probar que Fujimori autorizó una política sistemática de violación a los derechos humanos, revestida con el ropaje de la lucha contra el terrorismo, es una tarea compleja, pero la Fiscalía afirma contar con testimonios y documentos que sustentan esta acusación. Una de estas pruebas –incorporadas al juicio por la Sala Penal Especial de la Corte Suprema, presidida por el vocal César San Martín–, es un manual secreto del Ejército que, en terminología militar, sugiere el asesinato de terroristas.

SE TRATA DE UN DOCUMENTO de 108 páginas, fechado en 1991, y que lleva como título ‘Equipos Básicos, Inteligencia Militar, Ejército Peruano”. Está dividido en cuatro capítulos (Generalidades, Inteligencia, Contrainteligencia y Apoyo Logístico) y establece pautas organizativas para el funcionamiento de comandos militares destinados a eliminar terroristas.

La última página del manual lleva las firmas del general EP Juan Rivera Lazo, entonces jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dinte) y del general EP Pedro Villanueva Valdivia, jefe del Ejército en 1991.

El capítulo referido a contrainteligencia determina la conformación de “equipos básicos” de contrasubversión, contraterrorismo, contrasabotaje, contraespionaje y contraguerrillas. A estos comandos se les atribuye la siguiente misión: “Prevenir, detectar, localizar, identificar, neutralizar y/o eliminar personas, redes u organizaciones que realicen actividades en contra de la seguridad militar” (páginas 77, 79, 82, 84 y 86).

Según el documento, todo equipo de contraterrorismo debe estar conformado por un jefe (comandante o capitán), dos o tres subgrupos con sus respectivos jefes (capitanes o tenientes) y tres auxiliares. Aquella fue precisamente la estructura de Colina que inició sus operaciones ese mismo año.

En la entrevista que concedió al periodista Umberto Jara para el libro ‘Ojo por Ojo’, el comandante EP Santiago Martin Rivas dijo que el manual fue aprobado en el ‘Pentagonito’ por el general Villanueva Valdivia y permitió el nacimiento oficial del Grupo Colina. En mayo de 1991, afirmó, fue presentado a Fujimori, que dio carta libre para que inteligencia responda en forma contundente y aún más drástica sobre el objetivo terrorista por cada acto realizado contra la población. Con base a esta orden presidencial, según Martin Rivas, se llevaron a cabo las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta. Sin embargo, no existen pruebas documentales que indiquen que Fujimori dio directivas expresas para matar terroristas ni tampoco que haya autorizado la creación de escuadrones de la muerte.

La eliminación selectiva de sospechosos de terrorismo, de hecho, parece haber sido práctica antigua en las FF. AA. Lo importante es que, a partir de 1991, según el manual, los comandos de aniquilamiento pasaron a depender de la Dinte y del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), dos órganos que no operaban sin reportar directamente a Montesinos y Fujimori.

En 1991, como se recuerda, Fujimori modificó la estructura del sistema de inteligencia nacional y colocó al SIN como cabeza de todos los servicios de inteligencia del Estado, incluyendo el de las FF.AA. No sólo eso: dio facultades al SIN para intervenir y participar en el planeamiento de las operaciones especiales de inteligencia, así como en la creación de los “equipos básicos”. Es en ese contexto que se elaboró y aprobó el manual secreto.

Entrevistado por CARETAS, el general EP Rodolfo Robles destacó la importancia del manual como prueba contra Fujimori porque oficializó las llamadas operaciones de “guerra clandestina”. “Esta es una guerra que normalmente no obedece o que escapa a los cánones legales. En una guerra de frente interno o externo, existen normas de derecho internacional. En la guerra clandestina hay actividades soterradas, pero que tienen la autorización implícita de las más altas autoridades, y esta autorización no la da el mando militar, y si la da es con conocimiento del poder político”, explicó. Para la Fiscalía este esquema es fundamental para establecer la responsabilidad del procesado Fujimori.


El Estilo Guillén
Fiscal conduce interrogatorio con riendas cortas.
El duro interrogatorio del fiscal Guillén ha sido como trago amargo para el ex Presidente.


“Acusado Fujimori, ¿me escucha?, responda, ¿me escucha?” El fiscal adjunto Avelino Guillén inició con dureza el interrogatorio a Alberto Fujimori, el pasado viernes 14, sorprendiendo al propio ex Presidente. Su estilo severo y confrontacional ha sido celebrado por muchos y los expertos consideran que es un acierto que haya reemplazado en los interrogatorios al fiscal titular supremo José Peláez Bardales, quien por cierto continúa en el caso. Limeño de 53 años, Guillén lleva más de 20 años en el Ministerio Público. Entre los personajes que ha sentado en el banquillo de los acusados figuran los ex congresistas Alberto Kouri y Martha Chávez; así como los implicados en el autogolpe del 5 de abril para los que solicitó entre 10 y 18 años de prisión efectiva. Domina el ‘Caso Fujimori’ porque ayudó al fiscal supremo Pablo Sánchez a elaborar las primeras acusaciones contra el ex mandatario. CARETAS lo entrevistó en exclusiva.

-¿Cómo define su estilo?
–El juicio oral es como una batalla de las tesis entre el Ministerio Público y el abogado del acusado. Cada afirmación de la Fiscalía está sostenida en material probatorio. Nos cuidamos de no decir algo que no esté sustentado. Mi estilo es directo. Uno debe estar atento al desarrollo del interrogatorio para realizar las réplicas adecuadas a las respuestas del acusado.

–¿Qué buscaba obtener en sus interrogatorios?
–Demostrar el real poder que tenía en el Perú, durante el régimen de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos. Nosotros sostenemos, no de ahora sino de hace varios años, que Montesinos cogobernó con Fujimori.

–¿Espera usted una confesión?
–Casi es regla común que los procesados nieguen los cargos. El procesado nunca va a decir: yo robé, yo maté. Se buscó resaltar cuáles son los puntos en los que el acusado Fujimori no puede articular respuesta. El tribunal tomará nota de los silencios, omisiones y sobre todo de la no respuesta. Y aunque parezca tozudo, nosotros insistimos.

–¿Por qué mencionar a Fujimori los nombres de las víctimas?
–Nosotros queríamos conocer de primera mano la reacción del acusado en relación a ellos. Demostrarle, además, que eran seres humanos cuyo proyecto de vida se truncó de manera abrupta y sangrienta. A continuación queríamos demostrar que él (Fujimori) no hizo ningún tipo de acercamiento con los deudos y sobrevivientes. Dice que subía a todos los cerros del Perú para ayudar a la gente pobre, sin embargo con personas que habían sido víctimas de un horrendo crimen a pocas cuadras de Palacio de Gobierno no tuvo ningún gesto de preocupación. Estoy convencido que el tribunal sopesará cuál ha sido su reacción.

–Por insensibilidad no se puede condenar a prisión. ¿Qué tan sólida es la acusación de autoría mediata?
–La tesis de la autoría mediata está suficientemente sustentada. Hemos ofrecido numerosos testigos que van a respaldar la tesis incriminatoria, además de documentos, audios y videos. No necesitamos de una estrategia de choque para probar eso. (Patricia Caycho

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