sábado, 28 de abril de 2007

REGRESAMOS CON LAS BATERIAS BIEN CARGADAS

Hola amigos, permitanme extenderles mi más fraternal saludo, luego de varios meses de ausencia nesesaria, ciertamente muchos me dejaron comentarios, honestamente, no los pude leer a tiempo por lo que les pido disculpas infinitas, pero nuevamente estoy aqui: para escribir sobre politica y tambien comentar los temas de actualidad, no sin antes hacer extensivo mis infinitas gracias a mi gran amiga y es compañera de la facultad de ciencias de la comunicacion: Karina Henostrosa por su ayuda clave, y mediante ella a todos mis amigos de mi ex escuela guardo los más gratos recuerdos de ustedes, Omar el viaje a Keshy es inolvidable y todos cuyos nombres los tengo aqui.
Abro una nueva pag en mi historia personal, y bueno saludar a mis ya, compañeros de la Facultad de Derecho y Ciencias Politicas. pero atendiendo a las preguntas q donde estuve y que haciendo que no escribia debo decir, que estuves estos meses en la capital, conjugando al igual que nuestro Gran Maestro Mariategui el trabajo y el estudio autodidactico. son casi 7 meses de ausencia de los claustro universitario por lo que no veo ya las horas de estar alla nuevamente .
wilmerggamarra

miércoles, 3 de enero de 2007

SOBRE LA ORCA DE SADAM


César Hildebrandt

Señores de horca y cuchillo
Si Saddam Hussein mereció la horca, ¿qué guillotina a medio afilar merecen los que lo sostuvieron y armaron cuando era el dictador que se enfrentaba al Irán que humilló a los Estados Unidos?
¿O no queremos recordar que Hussein fue el niño mimado de la política exterior norteamericana cuando agredió en 1980 al Irán pos Sha? (El corrupto Sha que debió su ascenso al golpe de Estado de 1953 organizado por la CIA en contra del primer ministro nacionalista Mohammed Mossadegh).
¿Y por qué la CIA, junto a Gran Bretaña, derrocó a Mossadegh en 1953? Porque Mossadegh había empujado la nacionalización del petróleo en 1951 y aspiraba a una política exterior autónoma basada en la riqueza del crudo y en propuestas moderadamente modernizadoras. El Sha, en cambio, mantuvo por el tiempo requerido por sus aliados el barril del crudo a 20 centavos de dólar. La British-American Petroleum, nombre decidor por aquel entonces, jamás ganó tanto dinero.
Y Mohamad Reza Pahlevi, el Sha, dirigió los destinos de Irán convirtiéndose en el principal comprador de armas de los Estados Unidos y haciendo de Irán poco menos que un protectorado de segunda. Eso hasta que llegaron los molás, con Jomeini a la cabeza, en 1979.
Fue el mismo año en que Saddam Hussein, que venía del Partido Baas –un movimiento fundado por un cristiano sirio en 1953 y cuyo primer objetivo fue unificar a los árabes– se hizo con el poder absoluto en Irak tras derrocar a quien lo había nombrado vicepresidente de la junta militar baasista, Hasan al Bakr.
A este Hussein, matón de la política, autócrata desde sus primeros discursos, peligroso desde sus primeras decisiones, Estados Unidos lo armó, lo arropó y lo encubrió en la ONU; todo con tal de que mantuviera la bárbara guerra de agresión en contra del Irán de los ayatolás.
La guerra en contra del Irán islamista y antiimperial duró ocho años y produjo un millón de muertos entre los dos bandos. Pero Irak no pudo ganarla, como sí ganó la guerra interna en contra de los kurdos alentados desde Irán y masacrados con el conocimiento de la Casa Blanca. Como fueron perseguidos y masacrados los opositores chiítas, con la tácita aprobación de Washington mientras Irak cumpliese su papel de hacerle la vida más difícil a Jomeini y su teocrático entorno.
Más de 40,000 millones de dólares en ayuda militar norteamericana fue lo que Saddam Husseim recibió para ser el patrullero occidental más vehemente y asesino de la región. Pero lo que pasa con los frankenstein es lo que le pasó al títere de Washington: creyó que podía aterrorizar por su cuenta e invadió Kuwait en agosto de 1990. El socio trocó en villano en 24 horas, las que se demoró Bush papi en anunciar lo que sería la guerra del golfo. El petróleo kuwaití estaba de por medio y no era asunto de dejárselo a un renegado. No importaba que Kuwait se hubiese inclinado a la causa iraquí en su guerra de agresión en contra de Irán. Ni importaba que Irak hubiese reclamado Kuwait como su territorio desde la caída del imperio otomano, muchos años antes de que, en 1938, se descubriera la vastedad de su riqueza petrolera. Lo que importaba era darle una lección a un hermano menor soliviantado.
Y se la dieron. Pero Bush padre paró la guerra cuando las tropas norteamericanas iban a capturar Bagdad. Con lo que Hussein pudo conservarse en el poder, hacer más opresivo su régimen y ensañarse con kurdos, chiítas y miembros del ejército que conspiraron tras el desastre de la derrota. Es que a Bush padre tampoco le interesaba excederse con quien había trabajado tanto por la causa de los Estados Unidos, con lo que demostró ser más fiel a la manchada memoria de la Casa Blanca de lo que sería, años después, su fronterizo primogénito.
Ayer ahorcaron a Saddam Hussein. Lo ahorcó un tribunal títere –hubo que sacar al primer juez porque dio demasiadas muestras de imparcialidad– nombrado por un gobierno patéticamente títere, en un juicio ordenado por las autoridades de ocupación, que no tuvo ningún asomo de seriedad y que ha sido condenado por todo el mundo civilizado: desde el régimen de Michelle Bachelet, hasta el gobierno de Finlandia; desde Amnistía Internacional hasta la Unión Europea; desde Rodríguez Zapatero hasta el nuncio papal en Bagdad. El relator especial de la ONU, Leandro Despouy, especialista en estándares de justicia, censuró el proceso por indebido y la condena por írrito.
Hussein ha muerto con la dignidad que debió tener a la hora de enfrentar al ejército que vejaba a su país. Eso de esconderse en Tikrit para que los mártires de Alá hicieran el trabajo que debió hacer su propio ejército quedará como una vergüenza indeleble en la historia de Irak.
A las pocas horas del ahorcamiento, celebrado por Bush, ya habían estallado en Bagdad cuatro coches-bomba y otros 37 muertos se añadían a la lista de cientos de miles de “bajas de guerra” causadas por una política exterior norteamericana que recuerda la ocupación y captura de Hawaii –derrocamiento de la reina Liliuokalani en 1893– y Filipinas –reemplazo del imperio español en 1898-.
Irak fue invadido en nombre de mentiras ya admitidas. El juicio de Hussein fue otra mentira. El propósito de esta guerra, de la que Estados Unidos saldrá tan herido moralmente como salió de Vietnam, es sólo la rapiña y la expansión del dominio militar de la única potencia que puede invadir territorios y pisotear soberanías con la anuencia de la imbecilidad mundial y la renuncia europea a adoptar un papel de importancia en el mundo. Europa ya no es sólo un viejo continente: es un proyecto expirado. A los que pensábamos que Estados Unidos, a pesar de todas sus miserias, podía ser Roma, nos viene la desilusión: el historiador norteamericano James Carroll apunta a que, más que Roma, Estados Unidos es Esparta, “un Estado-fortaleza”. Y un Estado-fortaleza que gasta más en guerras que en la salud de su propia gente, que vende bonos para financiar su déficit fiscal de seiscientos mil millones de dólares y que sigue cavando el abismo de su balanza comercial mientras a su moneda la sostienen el miedo chino, la solidaridad japonesa y la anglopolítica de la Unión Europea. ¿Cuántas guerras más emprenderá esta Esparta dirigida por lo más ignorante y rapaz de su clase política? ¿Qué quedó de Esparta?

La duda del Alzheimer


César Hildebrandt

La duda del Alzheimer
Estoy pasmado. He leído en el último dominical cultural de El Comercio un texto de don Julio Ortega que me obliga a someterme, de inmediato, a una tomografía axial del cerebro y a revisar lo que yo creía eran relaciones relativamente próximas –ya que no íntimas ni mucho menos carnales– con el idioma castellano.
Hablando de una novela que, sin duda, reúne diversos méritos, don Julio Ortega llega a decir, desde el paroxismo de unas supuestas tinieblas, lo siguiente:“Todas mis muertes… declara ya en su título el rango de su recuento: todos sus nacimientos. Primero, del “yo” del relato (Francisco Neyra, nombre que sustituye al del autor, implicándolo); luego, del escritor adolescente (cuyo oficio de periodista es otra sustitución); y, en fin, de las muertes verosímiles que ocurren en la representación (en la dimensión mimética) y de las simbólicas (cuya economía es un trabajo de luto) que el narrador debe asumir para renacer de las muertes del “yo” en los renacimientos del “tú”, del lector, quien lee los hechos al mismo tiempo que el personaje los vive. De modo que se trata de la construcción de una lectura que nace en la primera novela de un escritor que aprende a escribir gracias a las muertes que le dan nombre. Gracias a la novela, el mundo se hace habitable; y gracias a la lectura, compartible”.
No sé cómo habrá reaccionado el interfecto, es decir el autor, el probablemente talentoso pero aún no leído por mí Ezio Neyra. Pero yo llamé de inmediato a un amigo pidiéndole auxilio y exigiéndole con trémula voz que leyera ese párrafo y me lo explicase.
–Creo que el Alzheimer me devora. Soy un Reagan precoz, un Bush civil y sudaca –alcancé a decirle.
Mi amigo me llamó quince minutos después. Me dijo que él tampoco había entendido nada y añadió que, a diferencia mía, a él no le importaba un comino el asunto.–Primero, porque sé que no tengo Alzheimer. Y segundo, porque la crítica literaria de Ortega hace rato que es un enigma –me dijo.
–Pero esto es más que un enigma. Este es el big bang de un nuevo idioma –señalé.–Es un viejo truco y ya estás viejo como para que te sorprendas: si escribes así es que sabes mucho y el lector tiene que seguirte aunque sea con la lengua afuera –replicó él.
–¿Así de sencillo? –pregunté–.–Me parece –terminó él con ese sentido común que nunca terminaré de envidiar.Pero yo insisto. Desde esas tinieblas del sentido, desde ese paroxismo de la sintaxis epileptoide, desde esa breve orgía interparentética –como diría Marco Aurelio Denegri– don Julio Ortega, el remoto viudo de Cecilia Bustamante, intenta decirnos algo grandioso que los tristes mortales sólo podemos intuir.
Yo insisto en ir al médico y en creer ahora, después de leer a don Julio, que el castellano no es Hernández ni Cervantes ni Vargas Llosa: puede ser también el balbuceo primordial de un poseso en trance de admisión, segundos antes de gritarnos que los dioses del Averno lo han tomado y abusado de sus carnes. n
P.D. Un feo error se filtró en esta columna el domingo pasado. Alguien puso írrito donde debió decir írrita (por la sentencia contra Saddam Hussein). Lo lamento. Quiero también hacer causa común por la suerte del fotógrafo peruano Jaime Rázuri, secuestrado antier en la Franja de Gaza.

EL AÑO DEL DEBER


César Hildebrandt

1) Me parece abominable que siga usted bailando al ritmo de la prensa del Chino, prensa que va desde el pobre diablo que muerde por los evasores Aguá hasta la que expresa al montesinismo asesino, en este asunto tan importante del fallo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Usted sabe que lo importante es que esa condena apunta directamente a Alberto Fujimori, su actual socio de sangre. Por eso es que Chirito, otros servidores y su gran prensa se han encargado de calumniar a la Corte, de intentar desacreditar el fallo y de poner al pueblo en su contra hablando de todo menos de aquello que es sustancial: Fujimori ordenó el asesinato de 42 terroristas vencidos y desarmados y las autopsias demostraron que los disparos que les hicieron no fueron consecuencia de ningún combate sino exterminio a quemarropa. Al intentar enlodar a la Corte de San José, usted, señor presidente, se cura en salud porque ¡también viene! el fallo en contra suya en el caso de El Frontón, donde usted superó frenéticamente lo que su hermano de sangre Fujimori haría seis años después.
2) Usted no se cansa de felicitar a la jueza Carolina Lizárraga por lo que está haciendo en contra de Toledo. Pero, como nos lo acaba de recordar Carlos Castro, resulta que en el caso de la fábrica de firmas de Perú 2000 –en la factoría de firmas clonadas del delincuente Oscar Medelius–, allí sí los planillones fueron considerados documentos privados y por lo tanto el asunto pasó de puntillas por el sistema anticorrupción. Usted sabe que esa diferencia es esencial pero usted la silencia porque es parte de su acomodo con la abyecta mafia que saqueó al país, mató por simple sospecha y ensució los uniformes de Grau y Bolognesi.
3) Usted dice delante de Alex Kouri –visitador de Montesinos, amante político de Montesinos, y hoy socio suyo en esto de aliarse con sus pares– que el Sutep es retardatario y que usted es progresista y que el Sutep es un obstáculo para la renovación de la educación. Lo que no dice es que el presupuesto real de la educación será este Año del Deber menor, en cifras relativas, que el del año pasado. Parece usted repetir, además, ciertos argumentos aparecidos en el diario El Comercio, que tras una historia dedicada a defender a todos los Sánchez Cerro, Benavides y Odrías del siglo XX afirma ahora que el Sutep, más que los presupuestos degradados, es el responsable del estado actual de la educación peruana. Usted y Fujimori se han reconciliado. Usted y Kouri se han reconocido como de la misma catadura. Usted y El Comercio han conocido, por fin, el entendimiento. Total, no me sorprende: ya en 1939 Haya de la Torre daba órdenes para que ciertos apristas apretaran la mano de sus verdugos y “sondearan” lo que pediría, a cambio de una alianza política, el líder fascista Luis Flores, secretario general de la Unión Revolucionaria sanchezcerrista. No es usted demasiado original, doctor García. Es usted una sencilla reencarnación de su jefe y terminará comiendo cebiche con Dionisio Romero, el Beltrán a la mano de estos tiempos globales.
4) Recibe usted los halagos de las señoras de Asia, de todas las Madeinusa en pantalla, de esa Martha Moyano que quiere encausar a García Sayán con la ayuda de los votos apristas en el seno de la comisión de acusaciones constitucionales, de los editores de El Comercio vestidos con túnicas blancas en una de sus preventas personales, del flamante tránsfuga Ántero Flores Aráoz, y, en general, de todos aquellos que usted trataba a la distancia cuando fingió ser una opción de cambio responsable en la segunda vuelta. En este Año del Deber cumplo con el mío de decirle, señor presidente de la República, que, desde un punto de vista electoral y quizás ético, es usted el más exitoso, carismático e irresistible traidor de los últimos tiempos. Como Fujimori, ni más ni menos. Esto dicho con todo el respeto que su altísima investidura merece.

lunes, 25 de diciembre de 2006

NAVIDAD QUE ES EN VERDAD


César Hildebrandt

Navidades
Aquí hay papá-noeles que sudan bajo el disfraz invernal que los castiga y nacimientos de Belén hechos de cartón mientras la gente escucha villancicos y las tiendas venden como nunca y a los pavos les vuelan las cabezas en un holocausto de huidas y plumas y hay una masacre paralela de pollos bendecidos y ofertas que no se repetirán y ferias repentinas que cesarán el 25 de diciembre.
Y todo para recordarnos, dicen, el nacimiento de un niño que, ya crecido, se indignó con los mercaderes que merodeaban por las sinagogas, con los hipócritas que juzgaban más el tener que el ser y con el establecimiento y la jerarquía que Roma había impuesto en las tierras de Judea.
Con lo que el nacimiento del Dios encarnado de los católicos es, al final, una Barbie con cara de zorra, un peluche que llamará a todos los ácaros o la alhaja que al revolucionario de Galilea hubiese indignado como ostentación y frivolidad.
No sólo hay papá-noeles sudando la gota del subempleo sino nieves de farsa, trineos jamás vistos en el trópico de El Niño y –voy a vomitar– mensajes publicitarios donde las cosas que se venden pretenden ocultarse en una maleza de palabras beatíficas, radiotones pías y teletones hechas en el Canal que les debe meses de salario a sus trabajadores, alabado sea el Señor.
La radio que más cerca estuvo de Fujimori también nos habla del espíritu de la navidad y el mismo locutor que nos hace tomar la cerveza de todos los peruanos hasta que nos den diablos azules nos llama ahora a ver los copos de nieve de la publicidad, la bolsa de regalos de los repartos compasivos y el mensaje de Cristo comprimido en una tarjeta de plástico que hace el milagro de multiplicar billetes y deudas.
–Jojojojó –gruñen los avisos antes de decirnos que en Hiraoka ha nacido un Jesús a transistores y unos renos con chips que los hacen volar cuando trabajan, mordisquear el pasto cuando están en tierra y, sin embargo, jamás cagar porque eso no sería digno de la fiesta de la natividad.
Luego están las señoras que se dedican a la caridad –que es la justicia por sorteo–, los escuadrones regalones, las campañas de los descuentos nazarenos, la maratón de la felicidad, la misa del gallo, la cena que ojalá fuera la última, la tranca pagana y la resaca herética que sólo San Alka (Seltzer) podrá quitarte con una imposición de burbujas.
Y todo para recordanos a un personaje que se enfrentó a todo aquello que hoy lo celebra. Un personaje que hubiese despreciado su cumpleaños si hubiese visto en qué habría terminado la leyenda maravillosa esa del establo y la cuna natatoria, la fe en los pobres y la parábola de los ricos, el ojo de la aguja y el pajar.
Dicen que no había en Chile navidades más tiernas que las que celebraban los Pinochet-Hiriart. Junto a un árbol nevado con una especie de caspa cara, frente a un nacimiento donde las pequeñas bestias motorizadas mugían o balaban, detrás de un Papá Noel que cantaba un himno alpino, la familia Pinochet-Hiriart recordaba las bendiciones recibidas por Escrivá de Balaguer, el Papa en persona y, al principio, el cardenal Raúl Silva Henríquez. El comunismo ateo había sido derrotado. Hasta el agnóstico Friedman aprobaba lo hecho. Por la chimenea de su casa en las estribaciones de los Andes, Noel, el escandinavo, hallaría la forma de dejar a los nietos de don Augusto más ahítos que nunca del espíritu de la navidad. Amén
César Hildebrandt

Navidades
Aquí hay papá-noeles que sudan bajo el disfraz invernal que los castiga y nacimientos de Belén hechos de cartón mientras la gente escucha villancicos y las tiendas venden como nunca y a los pavos les vuelan las cabezas en un holocausto de huidas y plumas y hay una masacre paralela de pollos bendecidos y ofertas que no se repetirán y ferias repentinas que cesarán el 25 de diciembre.
Y todo para recordarnos, dicen, el nacimiento de un niño que, ya crecido, se indignó con los mercaderes que merodeaban por las sinagogas, con los hipócritas que juzgaban más el tener que el ser y con el establecimiento y la jerarquía que Roma había impuesto en las tierras de Judea.
Con lo que el nacimiento del Dios encarnado de los católicos es, al final, una Barbie con cara de zorra, un peluche que llamará a todos los ácaros o la alhaja que al revolucionario de Galilea hubiese indignado como ostentación y frivolidad.
No sólo hay papá-noeles sudando la gota del subempleo sino nieves de farsa, trineos jamás vistos en el trópico de El Niño y –voy a vomitar– mensajes publicitarios donde las cosas que se venden pretenden ocultarse en una maleza de palabras beatíficas, radiotones pías y teletones hechas en el Canal que les debe meses de salario a sus trabajadores, alabado sea el Señor.
La radio que más cerca estuvo de Fujimori también nos habla del espíritu de la navidad y el mismo locutor que nos hace tomar la cerveza de todos los peruanos hasta que nos den diablos azules nos llama ahora a ver los copos de nieve de la publicidad, la bolsa de regalos de los repartos compasivos y el mensaje de Cristo comprimido en una tarjeta de plástico que hace el milagro de multiplicar billetes y deudas.
–Jojojojó –gruñen los avisos antes de decirnos que en Hiraoka ha nacido un Jesús a transistores y unos renos con chips que los hacen volar cuando trabajan, mordisquear el pasto cuando están en tierra y, sin embargo, jamás cagar porque eso no sería digno de la fiesta de la natividad.
Luego están las señoras que se dedican a la caridad –que es la justicia por sorteo–, los escuadrones regalones, las campañas de los descuentos nazarenos, la maratón de la felicidad, la misa del gallo, la cena que ojalá fuera la última, la tranca pagana y la resaca herética que sólo San Alka (Seltzer) podrá quitarte con una imposición de burbujas.
Y todo para recordanos a un personaje que se enfrentó a todo aquello que hoy lo celebra. Un personaje que hubiese despreciado su cumpleaños si hubiese visto en qué habría terminado la leyenda maravillosa esa del establo y la cuna natatoria, la fe en los pobres y la parábola de los ricos, el ojo de la aguja y el pajar.
Dicen que no había en Chile navidades más tiernas que las que celebraban los Pinochet-Hiriart. Junto a un árbol nevado con una especie de caspa cara, frente a un nacimiento donde las pequeñas bestias motorizadas mugían o balaban, detrás de un Papá Noel que cantaba un himno alpino, la familia Pinochet-Hiriart recordaba las bendiciones recibidas por Escrivá de Balaguer, el Papa en persona y, al principio, el cardenal Raúl Silva Henríquez. El comunismo ateo había sido derrotado. Hasta el agnóstico Friedman aprobaba lo hecho. Por la chimenea de su casa en las estribaciones de los Andes, Noel, el escandinavo, hallaría la forma de dejar a los nietos de don Augusto más ahítos que nunca del espíritu de la navidad. Amén

PAG OCOBAMBA ENTRA ESTA LOCASA

http://www.ocobamba.com/pageID_3449954.html

Mentiras por teléfono
-Oh, qué bien –dice la prensa búfala, o sea el 98.92 % de la prensa peruana, empezando por el decano y por su torero oficial don Bernardo Roca Rey, el marido de Macarena Leguía.
–Oh qué bien –dice Madeinusa Valenzuela mientras prepara la próxima sopita de Racumín para su sana competencia, o sea todas las que la rodean.
–Oh, qué bien –dice Chicho Mohme mientras Samanez lo engríe con un contratazo flamante de la Sunat, que una cosa es ser sucesor de su apá y otra es olvidarse de los negocios.
Y el oh qué bien, que hasta lo dice el diario paciente que me acoje por ahora, está dirigido al asunto de la Telefónica. La República, del Chicho, llega a decir que los usuarios telefónicos han recibido su Navidad por adelantado y saca a un García con cara de estratego y anteojos de negociador resabido.
¿Pero qué es lo que se ha logrado después de tres meses de negociaciones?Casi nada, es la verdad.Yohny Lescano, a quien la prensa ha decidido no entrevistar para no fregarle la nochebuena al hombre de Palacio, dice que lo obtenido es, a propósito de las fiestas, moco de pavo.
Lescano ha sacado sus cuentas de inmediato y tiene pruebas para denunciar la estafa.
Dice, por ejemplo, que en el caso de la Línea Clásica Residencial se habla de una renta básica de 56 soles y de una rebaja a 39. Las huiflas: el precio real, sin el IGV que infla la cifra base, es de 47 soles y la rebaja es, por ende, de 8 y no de 17 soles como nos quiere hacer creer el doctor García.
En el caso de la tarifa Fonofácil se ha dicho que la rebaja de la renta básica es de diez soles, cuando lo cierto es que es de apenas cinco soles: de 35, el precio sin el IGV, a 30 soles. En el caso del plan Supereconómico el descenso alcanza los siete soles: de 45 a 38 soles mensuales. Y en los casos de la Económica y los llamados “otros planes” la llamada rebaja llega a los seis soles mensuales, quedando en 45 y en 53 soles respectivamente.
Como lo ha dicho con jactancia la ministra transnacional Verónica Zavala, el contrato no se ha renegociado ni se ha rozado con el pétalo de una audacia.Porque los contratos con las empresotas no se discuten: se acatan sin dudas ni murmuraciones, tal como el súbdito japonés Alberto Kenya Fujimori lo estableció en su shogunato.
¿Y para esto se han demorado tres meses?¿Y para esto dijeron, originalmente, que iban a modificar de modo sustancial el contrato?¿Y para esta ridiculez de rebajas sale el doctor García a dar la cara, o sea a dictar las primeras planas de la prensa regalona que hoy se menea en la pasarela y sobajea sus ancas en los pantalones del jefe de Estado?
Porque lo que no se dice es que las modificaciones relativamente importantes, tal como lo señala Lescano, sólo atañen a tres de los ocho planes tarifarios masivos. Es decir, cinco planes masivos han quedado fuera de cualquer cambio significativo en la rebaja de la llamada renta básica. Y eso involucra a un millón y tres cientos mil usuarios.
Por otra parte, cuando Telefónica nos regala diez minutos de uso local de cabina telefónica por un sol de tarifa, nos da un nuevo espejito en su plan de reconquista.
Porque el tiempo promedio del uso telefónico en cabina es 2 minutos y treinta segundos por llamada. Porque la cabina es urgencia, mensaje específico, impaciencia en la cola, encargo concreto y sólo pocas veces, muy pocas veces, chismorreo repantigado –que para eso están los celulares duados y las variantes de comunicación por internet inventadas en los últimos años–.
En resumen, otro cuentazo presidencial y telefónico. Además, lo que no ha dicho el doctor García es que una rebaja mezquina como la concertada no hubiese requerido de ninguna negociación tan demorada. Habría bastado con que Osiptel se sentara con Telefónica y el parto habría salido en 48 horas. Porque para hacer rebajas está Osiptel, no ese jefe de Estado con cara de peninsular y cezeo de última hora que vimos todos.
Aquí hay algo más. ¿Por qué La República publica una primera plana tan echada como un colchón de Paraíso? Porque el mismo día del anuncio presidencial, la Corte Suprema, donde el Apra quiere imperar sin contrapesos, nos ha anunciado que América Televisión ya no tendrá que pagar 160 millones de soles por las tropelías de sus ex propietarios José Enrique y José Francisco Crousillat. Y así, El Comercio, La República y Bavaria –que no lo necesitaba ni lo pedía como si lo hacían sus socios– se han salvado de un desembolso importante. Tan importante, que apenas lo han reseñado en sus páginas. Porque de estos enroques está hecho el ajedrez de la picaresca nacional en tiempos de la Marsellesa cantada por el coro de Moche.
–¿Aló, con el doctor García?–El doctor está haciendo números con los de la Telefónica. ¿De parte de quién?

NO AL RETROCESO DE LA POLÍTICA DE EDUCACIÓN INTERCULTURAL BILINGÜE

“Desde el gobierno de Sagasti venimos arrastrando recortes presupuestales a la Política de EIB, que tiene impacto directo en la formación y ...