sábado, 16 de abril de 2011

¿Y los que no pasaron a la segunda vuelta?

Los candidatos presidenciales Ollanta Humala y Keiko Fujimori se han lanzado nuevamente al ruedo electoral en búsqueda de alianzas o aliados políticos para enfrentar la segunda vuelta.

Ambos candidatos requieren constituir una coalición que respalde su programa de gobierno y genere confianza en el electorado. Asumiendo esta realidad y que los votos no se endosan, ¿qué rol político jugarán los partidos de Luis Castañeda, Alejandro Toledo y Pedro Pablo Kuczynski en la segunda vuelta?

Solidaridad Nacional: Entre esta agrupación y el fujimorismo existen algunas coincidencias: la “filosofía de las obras” y la continuidad del modelo de crecimiento económico. Así, aparentemente, Solidaridad Nacional podría optar por respaldar a Keiko Fujimori. Sin embargo, Fujimori podría ponerle paños fríos a este apoyo si, como señala, quiere encabezar la lucha contra la corrupción, pues el ex alcalde capitalino no ha podido librarse del tufo de corrupción que ha empañado su gestión municipal. Asimismo, un apoyo de Luis Castañeda a Ollanta Humala podría trasladarle réditos políticos en Lima y en los sectores sociales medios. Empero, como ya lo señalamos, Humala tendría que asumir también los pasivos que han afectado la imagen de Castañeda.

Perú Posible: Esta agrupación ha dejado sentada su posición frente a Fuerza 2011: no apoyarán a Keiko Fujimori, pues Perú Posible se potencia a raíz de la lucha contra el régimen autoritario de Alberto Fujimori. De esta manera, a pesar de las críticas de Toledo a Humala en la campaña pasada, ¿tendrán puntos de encuentro a favor del desarrollo del país? Toledo plantea un crecimiento económico con “rostro social”. Asimismo, ha reconocido que existe un descontento en la población por los pocos beneficios que recibe de la actual bonanza económica. Por esto, la necesidad de distribuir la riqueza sería el primer punto de encuentro entre Perú Posible y Gana Perú y, en segundo lugar, evitar que la mafia fuji-montesinista regrese al poder. Finalmente, Toledo tiene un importante apoyo en los sectores económicos altos, lo cual jugaría a favor del líder de Gana Perú si es que logra concretarse un apoyo político.

Alianza para el Gran Cambio: Si Pedro Pablo Kuczynski, en nombre de la alianza política que encabezó, decidiera apoyar a un candidato, difícilmente este sería Ollanta Humala, pues ambos representan dos perspectivas económicas contrarias: mientras Kuczynski es el representante directo del gran capital en el Perú, Humala recoge las viejas aspiraciones nacionalistas y de las clases populares. Esta hipótesis sería reforzada con lo mencionado el miércoles por Toledo, sobre una entrevista que sostuvo con Kuczynski: “PPK insinuó el apoyo a Keiko”. Así, la derecha más conservadora del Perú se arriesgaría a apoyar a Keiko Fujimori con tal de asegurar sus intereses económicos.

El panorama político se pone cada vez más interesante. Esperemos que, por el bien del país, se logre un consenso político con las fuerzas democráticas que - sin abandonar las importantes banderas que han llevado a Ollanta Humala a ganar la primera vuelta - permita enfrentar al fuji-montesinismo que busca llegar de nuevo al poder.

El mito del modelo intocable

Por Humberto Campodónico

Presentamos extractos de la entrevista que dimos a “Hildebrandt en sus trece”, realizada por Juana Gallegos, Edición # 50, 8 de abril del 2010.

“¿Qué pasaría si cambiamos algunos aspectos del modelo económico, significaría que “nos vamos al abismo”?

Parto de dos premisas. Uno: una nueva relación entre Estado y mercado. La economía del Perú, a diferencia de otros países de América Latina, ha quedado sustentada en la preeminencia del mercado y de las inversiones, así en general. Dos: el tipo de crecimiento económico debe traducirse en la diversificación del aparato productivo. No podemos quedarnos como un país primario-exportador donde el 70% de las exportaciones son minerales y petróleo.

Debemos avanzar hasta invertir esta proporción. Se necesita un Estado que guíe la inserción del país en una perspectiva que nos haga más competitivos. Tenemos la más baja inversión en ciencia y tecnología, solo el 0,15% del PBI, mientras que en Chile es 0,80% y en Francia es 3%.

¿Qué sucedería si ponemos un impuesto a las sobreganancias?

Hay empresas mineras que tienen contratos de estabilidad tributaria y que están blindados por la Constitución. Solo pueden ser modificados por acuerdo de las partes, sin considerar siquiera la intervención del Congreso. Fíjese, la ganancia de las empresas ha crecido desde los 90 cuando empezó la inversión. El precio del cobre, por ejemplo, era 90 centavos de dólar por libra y ahora está en US$ 4,30. Ya recuperaron su inversión, no habría ningún problema en negociar con las mineras. Pero, claro, ninguna te va a decir que va a dar parte de su ganancia voluntariamente. Tiene que haber un gobierno con voluntad política para hacerlo y plantearles que el Perú necesita una mayor participación en la explotación de sus recursos naturales.

Es un mito que eso significaría romper con el modelo. Radical sería otorgar subsidios indiscriminados o controlar la tasa de cambio. Es más, parece que nadie se ha dado cuenta de que existe el óbolo minero y que, más allá de que se trata de un monto pequeño, es el reconocimiento de que hay una ganancia extraordinaria.

¿Qué pasaría si fortalecemos a las instituciones reguladoras del Estado?

Además de Osinergmin y Osiptel, mire lo que pasa con Indecopi: se ha bajado el IGV y los aranceles para las medicinas contra el cáncer y el sida y los precios siguen igual de altos. Los únicos ganadores aquí terminan siendo los laboratorios que ponen de pretexto que “en el país hay libertad de precios”. Entonces mejor que restituyan el IGV para que el Estado no deje de recaudar ingresos tributarios.

Mire lo que pasa con las AFP, que cobran lo que les da la gana por comisión. El nivel de ingresos que obtienen supera ampliamente sus gastos. Dicen que eso es así porque estamos en una economía de “libre mercado”. La Superintendencia de Banca y Seguros plantea un proyecto de ley para regularlos y responden “es un acto inconstitucional”.

Lo que el sentido común dicta a la gente es que, con este modelo, cuando la marea sube no suben todos los botes, suben algunos y no los de ellos. Respecto a las prendas dumping, es extraordinario que se importen ternos por 9 soles y los vendan a 92, hablando de un precio hipotético. En Colombia, por ejemplo, se ha establecido un precio mínimo de 12 dólares para un jean importado, venga de donde venga. Aquí hay prendas que entran a 80 centavos de dólar el kilo y no pasa nada.

¿Es ir contra el modelo revisar la Constitución del 93 respecto a todo aquello que significó desmantelar los derechos laborales?

No. No solo es la Constitución del 93. La Ley del Trabajo está congelada en el Congreso desde el 2003, por eso persisten las services, así como las amenazas cuando se forman sindicatos. Estudiar los artículos sobre los derechos laborales no significa ir

contra el modelo. Otra cosa sería volver a la estabilidad laboral tipo Velasco que impedía a las empresas despedir a cualquiera.

Sin embargo, sin sindicatos importantes los trabajadores no pueden proteger sus derechos, lo dice la OIT. Los que dicen que esto sería “retroceder” son los que, verdaderamente, están atrasados y persisten en escucharse solo a sí mismos, mirándose el ombligo”.

El miedo, la mentira y la exclusión

Por Alberto Adrianzén M.

En estos tiempos agitados, por cierto, es bueno preguntarse si aquella frase de Norbert Lechner sobre cómo se constituye un orden político tiene sentido en este país: “Como enfoque general, supongo que un orden político se constituye junto y por medio de los sujetos políticos. Ningún sujeto se forma por autorreferencia; nos reconocemos como un nosotros por medio de los otros. Y el orden no es sino el proceso de mediación en el cual se reconocen mutuamente los sujetos… presumo que el orden político se estructura en un mismo movimiento junto con la delimitación de las identidades políticas”.

En realidad, la pregunta no es ociosa y podría ser enunciada de la siguiente manera: ¿qué pasa cuando en una sociedad una de las partes –es decir, aquellos que detentan el poder– no quiere o no requiere reconocer a los “otros” para reproducir un orden político?; o ¿qué pasa cuando un orden (político) no se fundamenta en un proceso de mediación y en el cual una parte decide no reconocer a la otra? ¿Existe un orden político? Y si existe, ¿a quiénes abarca ese orden y de qué tipo es?

Porque conforme se vive el proceso electoral uno va descubriendo que el orden político que se quiere perpetuar en este país se fundamenta no solo en la destrucción de la identidad política del otro, sino también –y esto es lo más grave– en su exclusión.

La mejor manera de comprobar este hecho es la histeria que viene provocando el triunfo democrático de Ollanta Humala en esta primera vuelta. Con ello no hago referencia a aquellos columnistas que proponen imaginarios frentes antifascistas apelando a una épica maniquea y falaz. Mi interés, más bien, es señalar que el actual orden –el mismo que se quiere perpetuar en estas elecciones– tiene como fundamento tres elementos: a) la mentira; b) el miedo y c) la exclusión.

La mentira para descalificar a un adversario político que rápidamente se convierte en un enemigo al cual hay que eliminar. El miedo (o el famoso “salto al vacío”) como el elemento mediador entre aquellos que detentan el poder y la sociedad. Y la exclusión política del otro como el resultado final de este proceso.

Por eso no nos debe extrañar el carácter conservador y autorreferencial de aquellos que hoy detentan el poder. Hablan para ellos mismos y lo único que ofrecen a los “otros” es el mismo orden y el miedo como principal vínculo social. No buscan convertirse en un sujeto político –ello explica el por qué la derecha en este país nunca ha constituido un partido político y por qué nunca ha sido liberal– sino más bien en una suerte de “guachimanes” y “protectores” frente a una fuerza extraña a la que siempre hay que rechazar. Para ellos, la democracia no se fundamenta en el respeto a las formas y al Estado de Derecho –como se comprobó en el fujimorismo–sino más bien en el “sagrado respeto” de sus intereses. Antes que un sujeto político constituido son, más bien, un grupo social que se comporta como “patrones” cuando su orden es cuestionado.

El resultado es el siguiente: para unos pocos existe un orden político minoritario (abarca a unos cuantos y es excluyente) con reglas definidas e infranqueable para los otros; para la mayoría lo que existe más bien es un gran desorden social y político. Viven en un caos permanente.

Me parece que eso es lo que está en juego en estas elecciones. Si continuamos viviendo en un orden político y social para unos cuantos o si somos capaces de construir un orden ciudadano para todos. Dicho en otros términos, un orden político capaz de establecer mediaciones democráticas entre los “unos” y los “otros” para constituir sujetos políticos capaces de pactar. Es decir, un orden democrático que incluya y no que excluya como hoy nos proponen los adversarios de Ollanta Humala.

(*) albertoadrianzen.lamula.com

Sobreganancias mineras y contratos de garantías

Por Humberto Campodónico

Uno de los temas que han ido ganando consenso es, de un lado, que las empresas mineras están obteniendo ganancias elevadísimas debido a los altos precios y, de otro, que el Estado no está percibiendo la participación que le corresponde, tanto por impuesto a la renta como por regalías.

Uno de los puntos clave a resolver para avanzar son los contratos de estabilidad firmados entre el Estado y las empresas mineras. ¿Por qué? Porque el Art.62 de la Constitución de 1993 establece que solo pueden ser modificados por acuerdo entre las partes. Por tanto, la discusión aquí debiera centrarse en las negociaciones que lleven a su modificación.

Antes de entrar a ese tema, veamos: los Contratos de Garantías y Medidas de Promoción a la Inversión Minera han sido firmados por las empresas y el Ministerio de Energía y Minas, al amparo del Art. 78 de la Ley General de Minería (DS Nº 014-92-EM).

Estos contratos duran 15 años y están en el Portal del MINEM (www.minem.gob.pe). Vemos que los contratos con Southern y con Yanacocha (por Maqui Maqui) ya vencieron en el 2010 y el 2011 (el cuadro no incluye contratos más antiguos que ya vencieron). Vemos también que el contrato de Barrick (por Pierina), el de Cerro Verde y el de Yanacocha (por Cerro Yanacocha) vencen en el 2012, 2013 y 2014, respectivamente.

Uno de los contratos más importantes es el de Antamina, por US$ 2,094 millones, que vence en el 2015. Luego viene Barrick (por Alto Chicama), vence el 2020, y también Toromocho de Chinalco, que debe comenzar su inversión en el 2012, por lo que su contrato expira recién en el 2027. A estos debe sumarse el de Xstrata por Las Bambas, firmado en el 2009 al amparo de los DL 662 y 757 del año 1991 (la inversión debe comenzar el 2011), motivo por el cual no aparece en el cuadro.

¿Cómo negociar? El punto de partida debiera ser explicarles a las empresas que las condiciones económicas y sociales de 1991 y 1992 (precios internacionales bajos, guerra interna, hiperinflación), no son las mismas que las de hoy (precios altísimos debido al fuerte crecimiento de los emergentes –sobre todo en Asia–, inflación baja).

Ese cambio da lugar a nuevas condiciones económicas y sociales que ameritan modificar los contratos en beneficio de la estabilidad económica y social de las partes. Algo parecido invocó el Presidente Piñera de Chile con respecto el terremoto y las necesidades de la reconstrucción, lo que fue aceptado por las empresas mineras (ver Impuestos mundiales a las sobreganancias mineras, www.cristaldemira.com, 26/2/11).

El tema de fondo es que la rentabilidad de las empresas no se va a afectar. Aquí la cuestión clave no es la carga impositiva existente, sino las exorbitantes tasas de retorno de la inversión que ya están obteniendo las mineras, con las que nunca ni siquiera soñaron. ¿Por qué no compartirían una parte de esa sobreganancia con el país receptor, como por ejemplo ya lo hicieron –aunque en una cantidad ínfima– con el óbolo minero que, justamente, vence a fin de año?

Para terminar, debe modificarse la ley de minería para que los nuevos contratos permitan un reparto adecuado de las utilidades y las sobreganancias entre las empresas mineras y el Estado. Esas modificaciones se pudieron hacer bajo Toledo y García y hoy son moneda corriente en todo el mundo. Pero nada. Esta es, por tanto, la oportunidad para hacerlo. Salvo peor parecer.

Malditos egoístas

Autor: Patricia del Río

CompartirEnviar.“Cholo bruto. Serrano de mierda no deberías votar. Ándate a violar perros con tu Kenji y con tu Keiko. Solo los imbéciles votan viciado. ¿Eres idiota, le quieres regalar el país a los comunistas? Pitucos ignorantes, váyanse a Miami”. ¿Han escuchado frases como estás? Yo sí.

He presenciado insultos en vivo y en directo y los he leído en redes sociales. En la mayoría de los casos han sido conversaciones cargadas de virulencia que irremediablemente me remiten a finales de los noventa, cuando el régimen de Fujimori se desmoronaba, y en las calles reinaba una batalla campal entre seguidores y detractores del régimen del Chino.

Hacía tiempo, debo decirlo, no veía tanto ceño fruncido, tanta cara larga, tanta preocupación. En muchos peruanos hay un comprensible temor porque la economía se vaya al traste y volvamos a las espantosas épocas de crisis económica en las que nadie sabía qué podría pasar al mes siguiente. Y están por supuesto, todos aquellos ciudadanos que consideran que un eventual triunfo de Keiko Fujimori sería la vía perfecta para legitimar la impunidad, la corrupción, y la violación de los derechos humanos que caracterizó el gobierno de Alberto Fujimori. No son pocos, aquellos a los que ambas propuestas les parecen absolutamente peligrosas para el país, y que no piensan apoyar a ningún candidato en esta segunda vuelta.

Así están las cosas. Horribles. Y digo horribles, porque en estos diez años se supone que el Perú había avanzado en estos dos aspectos fundamentales que hoy se ponen en entredicho: aparentemente, se estaba consolidando un progreso económico que nos sacaría del tercer mundo; y todos creímos que tras la nefasta década del fujimontesinismo ya no íbamos a sucumbir tan alegremente a propuestas autoritarias. Pero ya vemos. Hay alrededor de 9 millones de peruanos que piensan distinto.

Y la pregunta es ¿por qué? ¿Será porque son brutos? ¿Ignorantes? ¿Indios apestosos? Definitivamente no. El que se zurra en el modelo económico, ya lo decíamos la semana pasada, no es mejor ni peor que el que se zurra en la democracia. Son electores que están eligiendo por ellos mismos, para ellos mismos, sin apostar por una visión de país que nos involucre a todos. Y claro, el 50% restante, los cívicos, los que sí elegimos a candidatos democráticos en primera vuelta los miramos con asco. Con cara de ya viniste a malograr el país, tan bien que estábamos, caracho.

Por eso las caras largas, los pucheros, los gritos histéricos. Porque en el fondo nos sentimos superiores, y nos creemos arrastrados al abismo por una sarta de cacasenos. Nos hemos colocado en una suerte de Olimpo moral como si no formáramos parte de este país. ¿Se han preguntado, acaso, los hoy aterrados empresarios qué pasaba con sus empleados que siguieron recibiendo sueldo mínimo mientras sus negocios sí prosperaban? ¿Dónde estuvo el grito de protesta de la mayoría de peruanos cuando los aguarunas, hartos de que no se les escuchara se sentaron a esperar 50 días en una carretera perdida? ¿O cuándo murieron los policías a los que enviaron a enfrentárseles en las peores condiciones? ¿Qué hemos hecho para exigir que a los corruptos se les meta preso? ¿Para pelear por una mejor educación y una mejor salud? ¿Para que nuestros compatriotas de Ica y Pisco reciban asistencia oportuna y de calidad?

Pues nada. Nos comimos el cuento de que el Perú avanza (porque definitivamente avanzaba para nosotros), y permitimos que este gobierno ninguneara a quienes tenían reclamos válidos y urgentes. Permitimos que se instaurara una democracia, débil, bobalicona, sin instituciones sólidas, incapaz de ofrecer un mínimo de seguridad y respeto a todos los ciudadanos. Nos hemos comportado como unos malditos egoístas, viviendo en una burbuja, y ahora nos sentimos con derecho a dar lecciones de democracia. De esa democracia que nos costó tanto recuperar, pero que gracias a la frivolidad y a la mediocridad no hemos podido defender. Ahora, pues.

El pacto como posibilidad

Por Alberto Adrianzén
Una democracia es aquella capaz de albergar en su seno una pluralidad de posiciones, actores e intereses. Sin embargo, para que esa pluralidad sirva para consolidar, estabilizar y profundizar dicha democracia debe tener, también, la capacidad de dialogar y pactar. Aquel famoso aforismo de Ramiro Prialé afirmando que “conversar no es pactar” también puede ser leído como expresión de esa enorme dificultad por llegar a pactos y acuerdos, ya que política no es solo hablar.


Pasando a nuestro proceso electoral reciente se podría decir que la afirmación anterior se evidencia en dos mensajes importantes de los electores: a) que se cumpla lo prometido, es decir que se pacte con los electores; y b) que los políticos lleguen a acuerdos.


Sin embargo, hay un sector de la derecha, y allí incluyo a algunos medios de comunicación, que viene diciendo que conversar, dialogar o pactar es expresión de una política tradicional. Llaman a esto “cubileteo” o “negociaciones bajo la mesa”. Incluso afirman que se buscaría la impunidad o la protección de los políticos. Estas y otras afirmaciones, en verdad, resultan graciosas ya que son esos mismos grupos los que se han pasado la vida “cubileteando” y negociando ellos mismos “bajo la mesa” para, justamente, excluir, no dialogar y no pactar entre sectores distintos y/o diversos.

Es como decir: la democracia la practicamos solamente “nosotros”, los “otros” no tienen el derecho a negociar ni a pactar, solo les queda obedecer. Eso, en palabras simples, ha sido un poco nuestra historia. Hay un grupo que solo quiere mandar y que se ha negado sistemáticamente a pactar con los “otros”.


Hoy estamos frente a la posibilidad de encontrar un camino que nos libere de este viejo problema. La idea de consensuar un programa de gobierno, como ha planteado Ollanta Humala en estos días, entre diversas fuerzas sociales y políticas es esa posibilidad. Pero también es la posibilidad, como lo dijera Valentín Paniagua en su primer discurso como Presidente, de inaugurar un largo ciclo democrático. La condición es clausurar el ciclo autoritario que el fujimorismo inauguró con el golpe de Estado el cinco de abril de 1992 y que hoy se quiere perpetuar. Un ejemplo de ello son los recientes rumores de una amnistía para el dictador Alberto Fujimori.


Sabemos que esto no es fácil. Y si bien el autoritarismo no tiene como única expresión al fujimorismo sabemos bien que es éste quien lo representa políticamente. Recomiendo que busquen en el Facebook la página: “Vergüenza Democrática” para que puedan darse cuenta de lo que está en juego. Como ejemplo de este autoritarismo –que es al mismo tiempo racismo y, hasta diría, fascismo– transcribo a continuación algunas de estas frases: “cholo desgraciado hideputa indio imbécil”; o “mis ojos se llenan de lágrimas no puedo creerlo… no hay esperanzas… son los peores resultados electorales que he recibido… tristemente tiendo a aceptar que necesitamos a Pinochet”; o “Partido Aprista, Alan! Esta vez acepto que hagas fraude. Por favor”; o esta otra frase que es de una twittera: “es mejor pagarle la multa a tu empleada a que le dé un voto a Ollanta”.


Incluso un reciente e interesante artículo de Nelson Núñez V. (“La polémica entre Palacios y Tapia”) que asume la defensa de Carlos Tapia, señala lo siguiente: “Un tema que se agregó durante la noche (se refiere a la polémica) fue la aparición de una cuenta de Facebook donde publicaban la dirección del domicilio de Carlos Tapia, y varios ponían cosas como “Se busca un patriota que envíe una bomba a la sede del partido de Humala!!! Será recompensado como héroe peruano!!!” o “es un maldito terrorista reciclado, como la gente que acompaña a Humala y muchos más”.


Sabemos que el camino hacia un acuerdo entre diversos no es fácil. No porque esté empedrado de buenas intenciones sino más bien porque está lleno de racismo, autoritarismo, desconfianza y personas que solo quieren mandar.


(*) albertoadrianzen.lamula.com


viernes, 15 de abril de 2011

PERDIO EL NEOLIBERALISMO

Entre pullas, golpes y peleas estas elecciones nos dejan un perdedor indiscutible: el modelo neoliberal. Los peruanos no quieren mantener las cosas como están y quieren cambios, no están dispuestos a tener más experiencia como las del proyecto Tía María en Arequipa, no quieren más "negociados" de los recursos naturales al estilo camisea y, prinicipalmente, con estos resultados se plantea un cambio de enfoque, poner el interés de las personas por delante de la rentabilidad del capital y la generación de riqueza al servicio de más gente. Nuestro modelo económico, implantado por Fujimori luego del golpe de 1992, que Toledo mantuvo al identificarse como un "segundo piso" y García ha protegido en los últimos cinco años, requiere ajustes en su base. El final de esta campaña ha mostrado un debate económico escaso, los grupos económicos más poderosos lucharon por difundir miedo con ventilador y las bolas en la población han respondido con crudeza: Se requiere un cambio. No se trata de destruir las bases económicas del país, por el contrario es necesario fortalecerlas y ampliarlas, pero se requieren cambios en los mecanismos de distribución, en la calidad y la cantidad de empleo y un incremento sustancial de la participación del país en las sobre-ganancias del capital. ¿Qué podemos esperar hacia adelante?. Gana Perú tendrá que trabajar con prudencia sus alianzas, correrse a saltos hacia la derecha por ganar a toda costa, sería una traición a sus electores y mostraría, a nuestro modesto entender, una profunda incapacidad para leer el resultado electoral y su importancia para la historia del país. Pero es una gran tentación.Otra alternativa, compleja para construirla en dos meses, es trabajar sobre la base de un programa de gobierno mínimo. Aquí tienen que definirse los pilares para la gobernabilidad, asegurando reformas que son impostergables: la revisión de los contratos de empresas que explotan recursos naturales (minería y gas), un incremento en la presión tributaria y un cambio en su configuración, la definición de metas objetivas del gasto social en educación y salud, entre otros. Así mismo, tiene que demostrar que en un potencial gobierno nacionalista la macro económica será sana, con una inflación controlada y un "colchon fiscal" para los potenciales problemas externos. Gana Perú tiene una gran responsabilidad, generar confianza de los electores (no de los capitales) y librarnos del retorno de la mafia clientelista que gobernó el país en los noventa.Por Edgardo Cruzado Silverii

NO AL RETROCESO DE LA POLÍTICA DE EDUCACIÓN INTERCULTURAL BILINGÜE

“Desde el gobierno de Sagasti venimos arrastrando recortes presupuestales a la Política de EIB, que tiene impacto directo en la formación y ...